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Adri

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir mas ante el pecado.

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir  mas ante  el pecado.
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sábado, 2 de noviembre de 2013

Zaqueo queria ver a Jesús y se dejó sorprender por El

Sab. 11, 23-12, 2; Sal. 144; 2Tes. 1, 11-2, 2; Lc. 19, 1-10
En ocasiones, aunque estemos deseando que suceda una cosa, cuando sucede un poco nos deja descolocados, casi sin saber como reaccionar. Podemos estar deseando algo con toda intensidad, pero quizá pensamos que no va a suceder, pero cuando nos llega el momento y se realiza aquello que queríamos, nos sentimos de alguna manera turbados y pareciera que en el fondo no deseábamos que nos sucediera.
Zaqueo quería ver a Jesús; sentía curiosidad, pero no sabía bien lo que iba a significar un encuentro con El; aunque lo deseaba quizá se exculpaba en el hecho de que era de baja estatura y por la cantidad de gente él se tenía que quedar como a un lado, detrás, no iba a estar en primera fila; se refugia en la higuera, desde allí lo puede ver, sin que quizá lo vean a él, pero no piensa que Jesús se va a detener para ponerse a hablar con él e incluso para auto invitarse a su casa. Jesús sí lo ve, Jesús quiere ir a su casa.
Cuantas excusas ponemos muchas veces para no enfrentarnos a la realidad, para no reconocer lo que quizá tengamos que reconocer de nuestras limitaciones o de nuestras cobardías y nos parapetamos detrás de cualquier cosa que presentamos como excusa. ¿Tendremos miedo? ¿Nos hacemos oídos sordos? ¿No queremos llegar a algo que nos comprometa sino quedarnos constatando las cosas pero de lejos? Nos puede suceder algo así.
¿Sentimos también curiosidad por Jesús? El hecho de que vengamos aquí cada domingo o cada día - o el hecho de que estemos dándole un tiempo a la lectura de estas reflexiones a través de estos medios por los que llegan a nosotros - puede significar, de hecho significa ¿por qué no?, que estamos deseando conocer más a Jesús y queremos escuchar su palabra que vaya iluminando nuestra vida. Aunque nos sucede también que muchas veces nos parapetamos tras nuestras rutinas, nuestras costumbres, la monotonía con que viven tantos a nuestro lado y nosotros no vamos a ser distintos, nuestras propias cobardías, y podemos tener el peligro o la tentación de quedarnos en un conocimiento superficial. En muchas higueras nos subimos para verlo pasar desde la distancia, o  ponemos muchas hojas de higuera como una celosía para que quizá no vean nuestro interés, porque quizá puedan decir muchas cosas de nosotros.
Jesús se detuvo delante de la higuera donde se había subido Zaqueo. Quizá le diera un vuelco en el corazón porque no esperaba que Jesús le viera y se detuviera a hablar con él. El, en su curiosidad, se contentaba con verlo pasar, pero Jesús le está pidiendo que baje de la higuera porque quiere ir a hospedarse en su casa. ‘Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa’. No le decía, me gustaría ir a tu casa, sino tengo que alojarme en tu casa.
No se lo esperaba, pero reaccionó. Era mucho lo que deseaba conocer a Jesús que ahora le parece mentira. ‘El bajó enseguida, y lo recibió muy contento’. Se habían acabado los temores y su corazón se llenaba de alegría. Jesús se había detenido ante él. La gente murmuraría después porque Jesús se alojaba en casa de un pecador. Pero ahí está cercanía de Dios que se había querido hacer Emmanuel, Dios con nosotros. No solo había tomado nuestra carne, nuestra naturaleza humana sino que ahora se estaba acercando a aquellos que consideraban parias y despreciables. Y muchas más cosas se iban a suceder una tras otra.
Pero conviene que al mismo que vamos repasando el episodio del evangelio vayamos haciendo una lectura de nuestra vida a su luz. Cuántas veces Jesús se ha detenido a las puertas de nuestra vida llamando porque quiere llegar a hospedarse en nuestra casa. ¿Cómo le hemos respondido?
Hay una imagen que corre por las redes sociales en la que se ve a Jesús delante de una puerta en la que parece que está llamando, está tocando a la puerta y en espera de que le abran. Jesús no puede abrir porque no se ve ninguna llave ni ningún medio con el que se pueda abrir la puerta desde fuera. Solo se puede abrir por dentro, y se supone que por dentro estoy yo, estamos nosotros que tenemos que ser  los que abramos la puerta para que Jesús pueda hospedarse dentro de nosotros. La imagen se queda ahí porque parece que está esperando que nosotros pongamos la segunda parte, abriendo desde nuestro interior la puerta de nuestra vida a Jesús. ¿Abriremos gozosos la puerta como gozoso bajó Zaqueo de la higuera para recibir a Jesús en su casa?
Del episodio del evangelio conocemos ya el final. ‘Zaqueo se puso en pie, en medio de la cena, y dijo al Señor: Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más’. Los encuentros con el Señor transforman el corazón. Tras un encuentro vivo con Jesús nuestra vida no puede ser la misma, y cambiarán nuestras actitudes, cambiarán nuestras formas de actuar, habrá un revolcón grande en la vida para hacer que todo sea distinto.
El abrir la puerta de nuestro corazón al Señor hará que se iluminen hasta los más oscuros rincones pero esa luz que recibimos del Señor es una luz purificadora y transformadora, es una luz que destruye las tinieblas de la muerte y del pecado, pero es al mismo tiempo una luz que nos llena de vida.  Es lo que le pasó a Zaqueo. No pensaba él quizá que conocer a Jesús, como tenía deseos de conocerle, iba a cambiarle la vida de esa manera, pero aun así se dejó encontrar por Jesús. El no opuso resistencia, sino que se dejó guiar por el impulso de la gracia del Señor y así su vida fue distinta ya para siempre.
‘Hoy ha sido la salvación de esta casa; también este es hijo de Abrahán’, dirá Jesús. Y por aquellos que murmuraban ante el hecho de que Jesús se hospedara en casa de un pecador, sentenciará Jesús: ‘Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido’. Allí estaba la salvación que Jesús venía a ofrecernos. Allí estaba el generoso perdón de Dios que busca siempre al pecador para ofrecerle la salvación.
‘Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan’, que nos decía el libro de la Sabiduría.  ‘A todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida… a los que pecan les recuerdas su pecado para que se conviertan y crean en ti, Señor’. Es lo que estamos viendo en esta escena del encuentro entre Zaqueo y Jesús. No viene Jesús a recriminar a Zaqueo, sino viene a buscarle; todo son signos y señales de ese amor del Señor que todo lo perdona. Y Zaqueo entiende y escucha la llamada del Señor. Da el paso respondiendo a la llamada del Señor. ¿Haremos nosotros lo mismo?
Démosle gracias al Señor porque nos sigue saliendo al paso de la vida y sigue llamándonos y buscándonos. Este episodio del evangelio que hoy se nos ha proclamado y estamos ahora meditando nos puede parecer hermoso y entrañable, pero que nos quedemos solamente en considerar lo sucedido entonces con Zaqueo. Si nos quedamos ahí es como quedarnos detrás de las hojas de la higuera para ver lo que sucede pero poniendo barreras por nuestra parte. Nos quedaríamos en meros espectadores y ante Jesús no podemos ser nunca unos simples espectadores. Jesús está llegando a nosotros y poniéndosenos enfrente para decirnos también una y otra vez que quiere venir a nuestra casa, a nuestro corazón.
Hay cosas que nos sucedes que quizá nos impresionan o nos dejan descolocados porque quizá no las esperamos, como decíamos al principio. En este orden de la fe, de nuestra vivencia cristiana y nuestro seguimiento auténtico de Jesús nos puede suceder también. Pero veamos ahí las llamadas del Señor y no nos encerremos en nosotros mismos. Sintamos la admiración, sí, pero también la alegría de que Jesús llegue a nosotros y nos diga que quiere entrar en nuestra vida. Sí, la alegría de la fe, la alegría del encuentro con el Señor, aunque eso nos comprometa, nos haga darle la vuelta a nuestra vida, o nos exija que tengamos muchas cosas de las que despojarnos o que compartir. Zaqueo lo comprendió porque se dejó sorprender por esa luz de Jesús.

Hagamos nosotros otro tanto. Que tras este encuentro con el Señor en esta Eucaristía de este domingo también se pueda decir: ‘Hoy ha llegado la salvación a esta casa’, a mi vida y con esa gracia y esa salvación saldré para transformar también nuestro mundo.

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Pidamos la humildad

Oh Jesús! Manso y Humilde de Corazón,
escúchame:

del deseo de ser reconocido, líbrame Señor
del deseo de ser estimado, líbrame Señor
del deseo de ser amado, líbrame Señor
del deseo de ser ensalzado, ....
del deseo de ser alabado, ...
del deseo de ser preferido, .....
del deseo de ser consultado,
del deseo de ser aprobado,
del deseo de quedar bien,
del deseo de recibir honores,

del temor de ser criticado, líbrame Señor
del temor de ser juzgado, líbrame Señor
del temor de ser atacado, líbrame Señor
del temor de ser humillado, ...
del temor de ser despreciado, ...
del temor de ser señalado,
del temor de perder la fama,
del temor de ser reprendido,
del temor de ser calumniado,
del temor de ser olvidado,
del temor de ser ridiculizado,
del temor de la injusticia,
del temor de ser sospechado,

Jesús, concédeme la gracia de desear:
-que los demás sean más amados que yo,
-que los demás sean más estimados que yo,
-que en la opinión del mundo,
otros sean engrandecidos y yo humillado,
-que los demás sean preferidos
y yo abandonado,
-que los demás sean alabados
y yo menospreciado,
-que los demás sean elegidos
en vez de mí en todo,
-que los demás sean más santos que yo,
siendo que yo me santifique debidamente.

McNulty, Obispo de Paterson, N.J.
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Tumba del Santo Padre Pio.

Tumba del Santo Padre Pio.
Alli rece por todos uds. Giovani Rotondo julio 2011

Rueguen por nosotros

Padre Celestial me abandono en tus manos. Soy feliz.


Cristo ten piedad de nosotros.

Mientras tengamos vida en la tierra estaremos a tiempo de reparar todos los errores y pecados que cometimos. No dejemos para mañana . Hoy podemos acercarnos a un sacerdote y reconciliarnos con Dios,

Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia dijo Jesus

Jesucristo Te adoramos por todos aquellos que no lo hacen . Amen

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