
¿Qué hace alguien cuando se vuelve engreído? Se endereza, eleva cabeza y hombros y toda su figura. Todo en él dice: "Yo soy importante, yo soy grande". Yo soy más que los otros, más que tú aquí ante mí!" En cambio, alguien de disposición humilde se siente pequeño. Entonces inclina su figura. "Se humilla", dice el Señor. Más profundamente cuanto más grande es aquél que está ante él; más pequeño se estima ante sus propios ojos; más vivamente experimenta sus límites.
Pero, ¿dónde percibimos más claramente cuán pequeños somos sino cuando estamos ante Dios?
El gran Dios, el que existía ayer tanto como hoy y durante cientos y miles de años, porque Él es eterno. El que gobierna esta habitación y la ciudad, el amplio mundo y el espacio estelar inconmensurablemente. Todo es ante Él como un corpúsculo. El Dios santo, puro, justo y de majestad infinita. ¡Cuán grande es!
Y yo pequeño, tan pequeño… se podría decir: realmente pequeño, porque yo en general no me puedo comparar con Él… ¡porque yo soy nada ante Él! De aquí surge que de ninguna manera puede uno pararse orgullosamente ante Él. Uno podría empequeñecer la propia figura, para que no se alce tan arrogante. Ahora observa, el hombre ya ha ofrecido la mitad de su altura: se arrodilla. Y si esto no es todavía suficiente para su corazón podría incluso inclinarse.
Entonces dice la figura inclinada: ¡Tú eres el Dios grande, pero yo soy nada! Sin embargo no, esto sería de nuevo falso. Yo no soy nada sino "algo" incluso algo misteriosamente grande, pero por Él. La figura humana dice: yo soy tu misma imagen pensada, amada y creada por Ti, Tú eres mi origen.
Cuando dobles las rodillas, que no sea un gesto presuroso y vacío. Dale un alma. Pero el alma del arrodillarse implica que también interiormente el corazón se inclina con profundo respeto ante Dios. Con este profundo respeto que sólo puede ser demostrado a Dios: porque lo adora.
Cuando entres en la Iglesia, o la dejes, o pases frente al altar, arrodíllate con unción, lentamente, pues todo tu ser debe expresar: "¡mi gran Dios…!"
Esto es entonces humildad y verdad, y cada vez que esto ocurre hace buena a tu alma.
de "Los Signos Sagrados"
Romano Guardini