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Seamos santos. Dios nos quiere santos

Adri

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir mas ante el pecado.

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir  mas ante  el pecado.
Determinemonos en el deseo de llegar a ser santos.

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viernes, 6 de enero de 2012


El bautismo de Jesús en el Jordán nos manifiesta su identidad más profunda: es el Hijo de Dios

Is. 42, 1-4.6-7; Sal. 28; Hechos, 10, 34-38; Mc. 1, 7-11
‘Llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán’. Hoy es la fiesta del Bautismo del Señor que viene a ser como el broche de oro de todas las celebraciones en las que nos hemos visto envueltos y que hemos vivido en la Navidad y en la Epifanía del Señor. Culminan todas nuestras celebraciones navideñas y no sólo porque se pone punto y final para iniciar ya mañana el tiempo Ordinario que media hasta que iniciemos la Cuaresma, sino porque la fiesta de este día nos viene a manifestar la identidad profunda de Jesús y su misión.
La liturgia de estos días nos ha venido ayudando a celebrar y a conocer hondamente todo el misterio de Dios manifestado en aquel Niño nacido en Belén. Jesús, el anunciado por los profetas y deseado por todos los pueblos, el que venía a salvar a su pueblo porque nos traería el perdón de los pecados como su mismo nombre indica, pero es que hoy se va a manifestar el Espiritu de Dios sobre El y además desde el cielo vamos a oir la voz de Dios señalándolo como su Hijo amado y predilecto.
Es la maravilla y la revelación profunda que hoy escuchamos allá en la orilla del Jordán. Se había sometido a aquel bautismo de agua del bautista para purificar a los pecadores, porque, aunque en El no había pecado, sobre sí había cargado con los pecados de todos.
El sumergirse en aquel bautismo era un signo del Bautismo que El había de pasar en su pascua, en su pasión, cargando con nuestros pecados para obtenernos el perdón y la salvación. Recordemos cómo les decía a los Zebedeos si ellos podían beber el cáliz que El habia de beber, bautizarse en el bautismo en el que El había de bautizarse, haciendo referencia a su pasión y a su muerte redentora en la cruz.
Pero Juan había anunciado un nuevo bautismo en el Espíritu. ‘Yo os he bautizado con agua, pero El os bautizará con Espíritu Santo’. Allí se iba a manifestar el Espíritu Santo sobre Jesús. ‘Apenas salió del agua vio rasgarse el cielo y al Espíritu Santo bajar sobre El como una paloma’, nos dice el evangelista.
‘El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido…’ había dicho el profeta, como el mismo Jesús recordaría en la Sinagoga de Nazaret. Y allí se estaba manifestando para señalar a quien estaba lleno de Dios porque era el Hijo de Dios. La voz que se iba a oír desde el cielo así lo señalaría. ‘Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto’, era la voz del Padre que lo proclamaba y lo señalaba.
Algo grandioso estaba sucediendo allá en la orilla del Jordán. Era una teofanía, una gran manifestación de la gloria del Señor. Allí estaba todo el misterio de la Santisima Trinidad de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Allí se estaba revelando Dios. Allí podíamos conocer ya para siempre que aquel Jesús que había venido de Nazaret, el hijo de María nacido en Belén, el hijo del carpintero como lo conocían todos era verdaderamente el Hijo de Dios. Es ‘el ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien’, que proclamaría Pedro como nos cuentan los Hechos de los Apóstoles.
Hemos contemplado los resplandores del cielo en las celebraciones de la navidad; hemos contemplado a los ángeles cantando la gloria del Señor y anunciando a los pastores que nos habia nacido un salvador; habíamos contemplado la estrella que había guiado a los Magos hasta Belén para ofrecer oro, incienso y mirra al recién nacido rey de los judíos en brazos de María; hoy lo contemplamos como el verdadero Hijo de Dios, Verbo de Dios, Palabra de Dios que ha plantado su tienda entre nosotros para encarnarse, para tomar nuestra naturaleza humana siendo verdadero hombre pero siendo también verdadero Dios.
Como diremos en el prefacio de la Eucaristía de hoy, dándole gracias al Señor ‘hiciste descender tu voz desde el cielo para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros; y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma, ungiste a tu siervo Jesús, para que los hombres reconociesen en El al Mesías, enviado a anunciar la salvación a los pobres…’
Claro que ante tanta maravilla que se nos manifiesta no podemos hacer otra cosa que alabar y bendecir al Señor, darle gracias por tanto misterio de amor que nos manifiesta y por tanta grandeza de la que nos hace partícipes cuando así se nos revela y cuando así quiere estar en medio de nosotros.
Pero nos está diciendo algo más. Por la fe que tenemos en Jesús a El nos unimos para hacernos participes de su misma vida, de su gracia salvadora que a nosotros nos eleva. En un nuevo Bautismo nosotros hemos sido bautizados. No es ya el bautismo penitencial de Juan el que nosotros hemos recibido, sino el bautismo en el Espíritu como Jesús. Es el agua que nos santifica y nos llena de vida; es el agua que por la fuerza del Espíritu nos sumerge también en la pasión redentora de Cristo, en su muerte y en su resurrección. Es un nacer de nuevo, um renacer como le dirá a Nicodemo. ‘Quien no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios’. 
‘En el Bautismo de Cristo en el Jordán has realizado signos prodigiosos para manifestar el misterio del nuevo bautismo’. El misterio del nuevo bautismo que a nosotros también nos hace hijos porque hemos renacido en el agua y el Espíritu a una nueva vida, a la vida de los hijos de Dios.
También nosotros podemos escuchar allá en lo más hondo del corazón esa voz que nos llama hijos. ‘Tú eres mi hijo amado’, nos dice a nosotros Dios; amados y predilectos del Señor. ‘Mirad que amor nos tiene el Padre para llamarnos hijos de Dios, que decía san Juan en sus cartas, pues ¡lo somos!’, que nos gritaba.
Qué gozo más grande podemos sentir en el alma cuando así nos sentimos amados de Dios. Una alegría y un gozo grande en el alma que se desborda. Es el gozo y la alegría de la fe que un cristiano tiene siempre que manifestar. Por eso, somos las personas más alegres del mundo. Tenemos que serlo sin remedio. No caben en nosotros las tristezas y los agobios cuando así nos sentimos amados de Dios. Y esto tenemos que trasmitirlo; tenemos que contagiarlo.
Aquí venimos a la Eucaristía a celebrar nuestra fe, a alimentarnos de la gracia del Señor. Cristo es nuestro alimento, nuestra gracia y nuestra fuerza. A El le comemos en la Eucaristía porque así ha querido ser nuestro alimento. Que ‘alimentados con estos dones santos, como pedimos en una de las oraciones litúrgicas, escuchemos con fe las palabras de tu Hijo para que podamos llamarnos y ser en verdad hijos tuyos’. Lo pedimos, pero es también nuestro compromiso. 

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Pidamos la humildad

Oh Jesús! Manso y Humilde de Corazón,
escúchame:

del deseo de ser reconocido, líbrame Señor
del deseo de ser estimado, líbrame Señor
del deseo de ser amado, líbrame Señor
del deseo de ser ensalzado, ....
del deseo de ser alabado, ...
del deseo de ser preferido, .....
del deseo de ser consultado,
del deseo de ser aprobado,
del deseo de quedar bien,
del deseo de recibir honores,

del temor de ser criticado, líbrame Señor
del temor de ser juzgado, líbrame Señor
del temor de ser atacado, líbrame Señor
del temor de ser humillado, ...
del temor de ser despreciado, ...
del temor de ser señalado,
del temor de perder la fama,
del temor de ser reprendido,
del temor de ser calumniado,
del temor de ser olvidado,
del temor de ser ridiculizado,
del temor de la injusticia,
del temor de ser sospechado,

Jesús, concédeme la gracia de desear:
-que los demás sean más amados que yo,
-que los demás sean más estimados que yo,
-que en la opinión del mundo,
otros sean engrandecidos y yo humillado,
-que los demás sean preferidos
y yo abandonado,
-que los demás sean alabados
y yo menospreciado,
-que los demás sean elegidos
en vez de mí en todo,
-que los demás sean más santos que yo,
siendo que yo me santifique debidamente.

McNulty, Obispo de Paterson, N.J.
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Tumba del Santo Padre Pio.

Tumba del Santo Padre Pio.
Alli rece por todos uds. Giovani Rotondo julio 2011

Rueguen por nosotros

Padre Celestial me abandono en tus manos. Soy feliz.


Cristo ten piedad de nosotros.

Mientras tengamos vida en la tierra estaremos a tiempo de reparar todos los errores y pecados que cometimos. No dejemos para mañana . Hoy podemos acercarnos a un sacerdote y reconciliarnos con Dios,

Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia dijo Jesus

Jesucristo Te adoramos por todos aquellos que no lo hacen . Amen

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