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Amigo de mi alma tengo un gran deseo en mi corazon Amar a Dios por todos aquellos que no lo hacen hoy. ¿Me ayudas con tus aportes de amor cada vez que entres aqui? dejanos tu palabra de bien, tu gesto amoroso hacia Dios y los hermanos.

Seamos santos. Dios nos quiere santos

Adri

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir mas ante el pecado.

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir  mas ante  el pecado.
Determinemonos en el deseo de llegar a ser santos.

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miércoles, 29 de septiembre de 2010

viernes, 10 de septiembre de 2010

La imagen más hermosa de Dios, la misericordia


Ex. 32, 7-11.13-14;
Sal. 50;
1Tim. 1, 12-17;
Lc. 15, 1-32


¿A dónde nos conducen nuestros caminos cuando nos apartamos del querer de Dios? ¿Qué nos ofrece Dios en cambio a esa actitud nuestra que se quiere en cierto modo endiosar cuando quiere hacer prevalecer su yo, su gusto y apetencia por encima de todo? Creo que la Palabra de Dios de este domingo sobre esto nos puede ayudar a reflexionar.
Recojamos las imágenes que nos ofrecen las parábolas del evangelio. La oveja perdida caminará en medio de peligros lejos del rebaño; para la mujer que había extraviado la moneda muy valiosa todo era angustia y desolación; el hijo que quiso construir su vida al margen y lejos de padre terminará en el peor de los vacíos y a punto de desesperación. Pero con el cambio, la oveja o la moneda encontradas, o el hijo en la vuelta a la casa del padre todo será fiesta y alegría.
Qué bien retrata la parábola nuestra vida y situación. Es un reflejo de los caminos que nosotros queremos tantas veces tomar. Ese becerro de metal que se hicieron los judíos en el desierto del que nos habla la primera lectura es el reflejo de ese yo endiosado que pretende seguir sus caminos a su manera y al margen de lo que pueda ser el plan de Dios para nuestra vida. Querían vivir su libertad al margen del Dios que los había liberado de Egipto.
Nos queremos hacer dioses que nos satisfagan nuestros deseos y caprichos; tenemos sueños de hacernos dioses de nosotros mismos donde el criterio de mi vivir y actuar sean mis apetencias, mis caprichos haciendo de nuestro egoísmo orgulloso la única razón de lo que hacemos o vivimos. ¿Por qué me tengo que negar eso que yo deseo? ¿por qué no puedo hacer lo que me apetezca?, que decimos tantas veces. Y al final terminamos siendo, no dioses, sino esclavos de egoísmos y pasiones y caemos en el vacío y la desolación cuando no alcanzamos todo lo que deseamos, y nos desesperamos, y nos dejamos arrastrar por iras y violencias contra todo y contra todos, o caemos en profunda depresión.
Es el retrato del hijo pródigo, del que se marchó de la casa del padre, o también del que lleno de orgullo no sabe aceptar a su hermano. No es necesario volver a describir los detalles que nos da la parábola, hambre, miseria, abandono, soledad. Es nuestro retrato en tantas ocasiones de nuestra vida. Cuántos caminan por la vida como sin rumbo y sin encontrar un sentido hondo a sus vidas; cuántos dejándose llevar por esa carrera de vértigo del egoísmo y la pasión terminan destrozando sus vidas, sin que les parezca que un día puedan encontrar luz para la oscuridad en la que viven.
Una situación que puede tener distintas reacciones; o puede conducirnos al vacío, al aislamiento y a la desesperación, o nos puede hacer recapacitar para conducirnos a Dios, si dejamos oír su voz en nuestro corazón, para desde su misericordia y amor encontrar la plenitud y la dicha.
Aunque caídos en esos caminos de muerte, de vacío, de desolación, si no dejamos que la luz de la fe se apague en nuestra vida, podemos darnos cuenta de que todo puede recomenzar de nuevo, que Alguien está buscándonos y esperándonos – como aquel pastor que buscaba la oveja perdida, o aquella mujer que barría toda la casa para encontrar la moneda valiosa extraviada, o como aquel padre paciente que siempre esperaba la vuelta del hijo -; desde esa luz de la fe podremos descubrir que el amor no nos va a tener en cuenta lo malo que hayamos hecho sino nuestra vuelta y nuestro encuentro con El; podemos vislumbrar que se nos ofrece la perspectiva de empezar una vida nueva y distinta.
¡Qué distinta es la manera de reaccionar de Dios a cómo nosotros reaccionamos! Muchas veces queremos ser tan justicieros que olvidamos lo que es la misericordia, la compasión y el perdón. Tenemos que aprender del Padre del cielo que es compasivo y misericordioso siempre. Nos vale para nosotros encontrar esperanza desde la negrura de nuestro pecado para levantarnos y nos vale también para la humanidad que hemos de poner en nuestro trato y aceptación de los demás.
Cuando el hijo llega a la presencia del padre queriendo expresarle de mil maneras su arrepentimiento y su petición de perdón, el padre se lo comerá a besos, casi no le dejará hablar para no tener que recordar lo pasado, y encima lo vestirá de fiesta ofreciéndole un banquete de bienvenida. Si nos fijamos en lo que Pablo hoy nos dice, da gracias a Dios ‘que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio; eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente…’ Por eso afirmará rotundamente ‘Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores y yo soy el primero, y por eso se compadeció de mí…’
Rotundamente, sí, tenemos que afirmar que Dios siempre está dispuesto al perdón y a ofrecernos su abrazo de amor. No castigó a su pueblo que se había hecho un becerro de metal que ocupara su lugar, sino que siguió conduciéndolo hasta la tierra prometida. La alegría del cielo, la alegría de los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta, que nos decía Jesús concluyendo las dos primeras parábolas. ‘Este hijo mío estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado’, que dice el padre preparando un banquete de fiesta para el hijo que había vuelto.
Es la esperanza que renace en nuestro corazón porque sabemos que, aunque somos pecadores y tantas veces queremos vivir nuestra vida al margen de Dios, es el Padre bueno que siempre nos busca y nos espera con sus brazos de amor bien abiertos para darnos su abrazo de paz y de perdón.
Pero es también, como decíamos antes, la misericordia de la que hemos de llenar nuestra vida, a imagen del Dios compasivo y misericordioso, para tratar con una humanidad casi divina a los demás; para que siempre confiemos en el otro – cuánto nos cuesta -, para que siempre demos esperanza al hermano, para que sepamos alentar a todo caído que nos encontremos en la vida y le ayudemos a levantarse para vivir con nueva ilusión y entusiasmo reconstruyendo su vida, como nosotros mismos lo intentamos también tantas veces.
Y finalmente decir también es el rostro misericordioso que tiene que ofrecer siempre la Iglesia, porque siempre tiene que manifestarse como imagen y signo de ese Dios del amor y de la misericordia, que sigue creyendo en nosotros a pesar de nuestras debilidades y que sigue contando con nosotros. Es la imagen más hermosa de Dios que la Iglesia puede y debe ofrecer.

martes, 7 de septiembre de 2010

Celebramos con gozo el nacimiento de María


Miq. 5, 2-5;
Sal. 12;
Mt. 1, 1-16.18-32

Múltiples expresiones de júbilo y alegría nos recoge la liturgia en los diferentes textos, antífonas, ya sea en la Eucaristía, ya sea en la Liturgia de las Horas, en esta fiesta de la Natividad de María.
Muchas fiestas en honor de María se celebran en nuestros pueblos en diferentes advocaciones que manifiestan la piedad popular y la devoción llena de amor de los hijos para con su madre en el día de su nacimiento. Son los hijos que celebran, llenos de fervor y amor, el cumpleaños de la madre. ¿No lo hacemos así con esa madre que nos dio el ser? ¿Cómo no lo vamos a hacer con María?
Celebramos, pues, con gozo el nacimiento de María, aurora y esperanza de salvación, pues de ella salió el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios. ‘Hoy nace una clara estrella, tan divina y celestial, que, con ser estrella, es tal que el mismo Sol nace de ella’, como se canta en un himno litúrgico, aunque las otras expresiones que hemos ido diciendo se recogen también en la liturgia como ya dijimos.
El nacimiento de María anunció la alegría a todo el mundo; es el principio de la salvación, porque de ella nace Cristo que, borrando la maldición, nos trajo la bendición, triunfando de la muerte, nos dio la vida eterna. La maldición cayó sobre el hombre con el pecado allá en el paraíso terrenal, pero se nos anunció una bendición, porque la estirpe de la mujer vencería sobre la muerte y nos llegaría la vida. María nos da a Jesús, el vencedor sobre la muerte que nos da la vida eterna.
Es María, la primera morada de Dios entre los hombres, el primer templo de Dios porque en ella por obra del Espíritu habría de encarnarse el Hijo de Dios, en su seno, como en el más hermoso templo, María lo portaría para hacernos llegar al Emmanuel, al Dios con nosotros. María sí recibió la luz, María sí recibió la vida. En María no habrá tinieblas porque nunca la sombras del mal entenebrecerían su vida porque fue incluso preservada del pecado original desde el primer instante de su concepción en virtud de los méritos de su Hijo Jesús.
Dios miró su humildad y por el anuncio del ángel concibió al Redentor del mundo. María, pequeña, la última, la esclava del Señor como a sí misma quiso llamarse, sin embargo se deja conducir por Dios, se deja conducir por el Espíritu Santo y por ella nos llegó la salvación. Por algo con la liturgia la llamamos aurora y esperanza de salvación.
En esta fiesta del nacimiento de María nos sentimos tentados de no cansarnos nunca de decir cosas hermosas de María. Así la ha cantado siempre la Iglesia, así los santos Padres cantaban las alabanzas de María. Es el fervor y el amor de los hijos que tan maravillosamente se sienten amados por tal madre. Todos tenemos experiencias en nuestro corazón que nos recuerdan ese amor de Madre de María, esa protección maternal que de tantas formas se ha manifestado en nosotros. Como hijos enamorados de la madre no queremos sino decirle piropos, cantarle cantos de amor y de alabanza, y repetirle una y otra vez cuánto la queremos , como lo hacemos también sin cansarnos a nuestra madre de la tierra.
Pero ya sabemos que la mejor alabanza que podemos hacer a la madre es ser dignos hijos de tal madre. Y lo expresamos queriendo parecernos a ella, hacer cuánto ella nos enseña, queriendo copiar en nosotros sus virtudes, su humildad, su amor, en una palabra su santidad.
La vemos hoy pura y resplandeciente de luz – así la llamamos también en este día, Madre de la Luz -; la contemplamos llena de la vida de Dios y con la pureza y la santidad de una vida sin pecado. Que brille en nosotros esa luz, que apartemos igualmente de nosotros el pecado, que vivamos como ella con espíritu humilde, que sepamos como ella abrir nuestro corazón a Dios y a su Palabra y que nos llenemos de su amor, que resplandezca la santidad en nuestra vida.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Hemos de saber a qué subimos a Jerusalén

Sab. 9, 13-18;
Sal. 89;
Filemón, 9-10-12-17;
Lc. 14, 25-33

El evangelio nos dice que ‘mucha gente acompañaba a Jesús’. Entraña esto que iban de camino. En la dinámica del evangelio de Lucas estamos en la subida de Jesús a Jerusalén, una subida con un significado especial, porque era su subida definitiva. Es bien significativo.
Esto da ocasión a Jesús a plantearle a los discípulos si realmente sabían lo que significa subir con El a Jerusalén. Algo así como preguntarles ¿sabéis a qué subimos a Jerusalén? Claro que esto nos vale para preguntarnos a nosotros también ¿sabéis lo que significa seguirme, ser discípulo mío? Algo así también nos está planteando Jesús a nosotros. Y es que el evangelio no es para adormecernos con El sino que siempre nos estará planteando cosas hondas.
Jesús un poco para que comprendan que hay que pararse a reflexionar les propone esos dos ejemplos o parábolas, como queramos llamarlos, del que va a edificar una torre o del rey que va a entablar una batalla. Hoy para todo nos exigen proyectos y proyectos bien detallados, ya sea una construcción que vayamos a realizar o ya sea un plan que queramos realizar en cualquier negocio, cualquier actividad, o cualquier realización social. O si vamos a emprender un viaje queremos saber bien a donde vamos, la ruta, lo que nos va a costar, las dificultades con que nos podamos encontrar y así mil detalles más; no queremos ir a la loco, todo queremos llevarlo bien planificado.
Pero ¿seremos así en esos planteamientos más hondos en los que nos va el sentido de la vida o donde podemos poner en juego nuestra salvación eterna? ¿Nos planteamos con esa misma seriedad lo que significa ese ser cristiano, ese seguimiento de Jesús o simplemente nos dejamos llevar porque aquí somos cristianos de toda la vida? ¿cuál es el proyecto de mi vida y de mi fe?
Siempre decimos, desde aquella respuesta elemental que aprendimos en el catecismo, ser cristiano es ser discípulo de Jesús. Es cierto, pero esto es muy serio. No es cualquier cosa. Podemos tenerlo muy claro, pero siempre tenemos que revisarnos porque como sucede en todo caminante se nos pueden ir pegando los polvos del camino, y aquello que nos parecía muy claro se nos puede ir empañando, como se empaña el cristal de nuestras gafas o el cristal del coche con los humos, los polvos, las lluvias o las ventiscas del camino. Esas suciedades pueden ocultarnos lo que tiene que ser la verdad más fundamental de nuestra vida en el seguimiento de Jesús.
Seguir a Jesús es hacer su camino, reflejar su vida en mi vida, ser capaz también de cargar con su cruz o con la cruz nuestra de cada día, pero haciéndolo a su manera. Que ese proyecto de mi vida coincida totalmente con el proyecto de Jesús. Que sepamos bien, tengamos muy claro y muy asumido en nuestra vida lo que es su vida, esa vida que tenemos que copiar en nosotros.
Decíamos que Jesús les pregunta o les platea a los que van con el de camino subiendo a Jerusalén algo así como si sabían bien lo que significaba aquella subida. Cuando lleguen a Jerusalén, ellos que van encantados con Jesús porque han escuchado sus enseñanzas, han visto sus milagros e incluso van a hacer una fiesta grande en la bajada del monte de los Olivos a la entrada a Jerusalén, allí se van a encontrar que Jesús es discutido y rechazado, que buscarán su muerte por todos los medios; que el amor y la entrega de Jesús le va a llevar a la cruz y a la muerte, y entonces llegará el momento de que los que le siguen tendrán que tomar partido, decidirse. Y ya sabemos lo que sucedió en Jerusalén y como los mismos discípulos andaban divididos, huyeron, o andaban encerrados por miedo a los judíos. El mismo Pedro llegará a negar que conoce a Jesús.
Por eso ahora Jesús les previene, les prepara. Ser su discípulo para seguirle significará que hay que preferirle a El frente a todo y frente a todos. Por eso les dirá: ‘Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre o a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío’.
Es una decisión importante. Jesús tiene que ser el primero; su Reino tiene que ser lo primero; esa Buena Noticia que han escuchado tiene que ser lo que tenga preferencia en la vida. No es que no se pueda amar al padre, la madre, la mujer, el hijo el hermano o la hermana. Pero Jesús, su Reino, el Reino de Dios tiene que estar por encima de todo, tiene que ser lo que dé sentido, profundidad, valor, autenticidad a todo lo demás.
‘Quien no lleve su cruz detrás de mi, no puede ser discípulo mío’, sigue diciéndoles. ¿Qué significa ese llevar la Cruz? ¿Qué significó la Cruz para Jesús? La Cruz fue entrega, pero fue amor; entraña sufrimiento y sacrificio, pero todo está envuelto en el amor, en el amor sin límites, en el amor hasta el final. Es, entonces, la ofrenda de amor que tenemos que saber hacer de nuestra vida.
Ofrenda de amor en nuestra fidelidad incluso hasta en el dolor. Ofrenda de amor en esa aceptación de nuestra vida con sus cruces, sus sufrimientos, sus sacrificios. Ofrenda de amor en esa entrega que tenemos que vivir en cada momento en la responsabilidad del día a día. Ofrenda de amor en ese testimonio de Jesús, al ponerlo como lo principal, lo preferido de nuestra vida, que vamos haciendo con nuestra palabra, con nuestro ejemplo, con nuestras obras de amor, con las cosas buenas que vamos haciendo cada día.
Esto es cosa que sabemos y que queremos vivir, es cierto. Pero bueno es recordarlo, revisarlo porque, como decíamos, los cristales con los que vemos la vida se nos pueden ir empañando con el polvo, con las suciedades y miserias de la vida. Y es bueno que nos dejemos interpelar por el Evangelio.
Además, podemos recordar lo que nos decía el libro de la Sabiduría. ‘Los pensamientos de los mortales son mezquinos y nuestros razonamientos son falibles’. Somos débiles y tantas veces erramos en nuestro camino. Queremos conocer los designios de Dios, comprender lo que Dios quiere y como decía el sabio del Antiguo Testamento ‘¿quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría enviando tu santo Espíritu desde el cielo?’.
Que el Espíritu del Señor nos ilumine, nos de fuerza para seguir ese camino de Jesús porque sólo con la fuerza del Espíritu podremos comprenderlo y podremos ponernos en camino con El. Queremos en verdad ser sus discípulos, seguir a Jesús, ponernos en camino con El, aunque tengamos que subir a Jerusalén, aunque tengamos que cargar con la cruz porque para nosotros Jesús será siempre el primero, porque lo es todo para nosotros.

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Administracion general y adjuntos

Pidamos la humildad

Oh Jesús! Manso y Humilde de Corazón,
escúchame:

del deseo de ser reconocido, líbrame Señor
del deseo de ser estimado, líbrame Señor
del deseo de ser amado, líbrame Señor
del deseo de ser ensalzado, ....
del deseo de ser alabado, ...
del deseo de ser preferido, .....
del deseo de ser consultado,
del deseo de ser aprobado,
del deseo de quedar bien,
del deseo de recibir honores,

del temor de ser criticado, líbrame Señor
del temor de ser juzgado, líbrame Señor
del temor de ser atacado, líbrame Señor
del temor de ser humillado, ...
del temor de ser despreciado, ...
del temor de ser señalado,
del temor de perder la fama,
del temor de ser reprendido,
del temor de ser calumniado,
del temor de ser olvidado,
del temor de ser ridiculizado,
del temor de la injusticia,
del temor de ser sospechado,

Jesús, concédeme la gracia de desear:
-que los demás sean más amados que yo,
-que los demás sean más estimados que yo,
-que en la opinión del mundo,
otros sean engrandecidos y yo humillado,
-que los demás sean preferidos
y yo abandonado,
-que los demás sean alabados
y yo menospreciado,
-que los demás sean elegidos
en vez de mí en todo,
-que los demás sean más santos que yo,
siendo que yo me santifique debidamente.

McNulty, Obispo de Paterson, N.J.
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Tumba del Santo Padre Pio.

Tumba del Santo Padre Pio.
Alli rece por todos uds. Giovani Rotondo julio 2011

Rueguen por nosotros

Padre Celestial me abandono en tus manos. Soy feliz.


Cristo ten piedad de nosotros.

Mientras tengamos vida en la tierra estaremos a tiempo de reparar todos los errores y pecados que cometimos. No dejemos para mañana . Hoy podemos acercarnos a un sacerdote y reconciliarnos con Dios,

Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia dijo Jesus

Jesucristo Te adoramos por todos aquellos que no lo hacen . Amen

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