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Adri

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viernes, 18 de julio de 2014

Enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento

Enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento

Sab. 12, 13.16-19; Sal. 85; Rm. 8, 26-27; Mt. 13, 24-43
‘Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre’, viene a ser la conclusión de estas parábolas que nos propone Jesús y de sus explicaciones. Para mí son palabras de consuelo y de esperanza, porque a pesar de las oscuridades o de las maldades en que nos veamos envueltos en este camino de la vida al final hay una luz, al final podremos brillar con esa luz si hemos sabido mantener la esperanza y hemos tratado de ser fieles.
Muchas veces decimos que estamos aquí en medio de un valle de lágrimas; es lo que expresamos en esa oración a la Virgen en la que la invocamos como madre y reina de misericordia, a quien acudimos para que después de este valle de lágrimas con ella podamos también alcanzar la gloria del cielo. Es cierto que muchas veces la vida se nos hace dura, son muchos los contratiempos o las tentaciones que tenemos que sufrir y aunque quisiéramos que todo fuera bueno sabemos que el mal y el bien se entremezclan en nuestros corazones, pero también es la realidad del mundo en el que vivimos.
Dios creó el mundo bueno; recordemos aquella primera página de la Biblia en que se nos habla de la creación; ‘y vio Dios que todo era bueno’; así salió de las manos del Creador. Como la buena semilla sembrada en el campo de la vida, tal como nos habla hoy la parábola que Jesús nos ha propuesto.
Pero apareció el mal que pervirtió el corazón del hombre, como nos dice la Biblia. En la parábola se nos habla del maligno que sembró la mala semilla, la cizaña donde el propietario había sembrado buena semilla. ‘¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿de dónde sale la cizaña?’, se preguntan los criados cuando ven aparecer la cizaña en medio de las buenas espigas. ‘Un enemigo lo ha hecho’, es la respuesta.
La parábola es un buen retrato de nuestra vida y de nuestro mundo. Y digo también un retrato de nuestra vida porque no nos podemos poner como fuera del cuadro, como si fuéramos simplemente espectadores y a nosotros eso no nos tocara porque los malos son los otros. Ese mal se nos mete también en nuestro corazón; y aquí tendríamos que decir aquello de que ‘el que esté sin pecado que tire la primera piedra’. Tenemos, es cierto, buenos sentimientos y buenos deseos; queremos obrar con rectitud y hacer las cosas bien; pero bien sabemos que no siempre es así, que somos débiles y pecadores y muchas veces hemos dejado meter el mal en nuestro corazón y no todo lo que hacemos es bueno.
Con realismo tenemos que saber leer la parábola y nuestra vida, pero también con la esperanza que el Señor quiere ofrecernos. Aquellos criados querían arrancar la mala cizaña, pero el propietario tiene otra forma de entender las cosas. Las deja crecer juntas, la buena y la mala cimiente, espera hasta el final, donde será el juicio definitivo. Mientras, podríamos decirlo así, está la esperanza del Señor sobre nosotros.
Cuando vemos el mal que nos rodea - y en eso nos es más fácil ver el mal que nos rodea que el propio mal que hay en nosotros - sentimos el impulso de pensar que por qué no se arranca de una vez para siempre ese mal del mundo; si Dios es tan poderoso y tan bueno y justo, pensamos, por qué con su poder no castiga ya todo ese mal que existe fulminando con un rayo que los destruya a todos los que obran el mal. Así pensamos. Pero ¿cuál es el pensamiento de Dios?
La parábola nos está dando pistas porque nos está hablando de la paciencia misericordiosa de Dios que siempre espera nuestro cambio y nuestra conversión. Cuánto nos habla Jesús de la misericordia de Dios a lo largo del evangelio; cómo se manifiesta Jesús siempre misericordioso y compasivo buscando el cambio y la conversión del pecador.
De ello nos hablaba ya el sabio del Antiguo Testamento que escuchamos en la primera lectura. ¿En qué se manifiesta el poder del Señor? ‘Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos… juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia… obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento’. ¡Qué bellas y consoladoras palabras! El Señor nos manifiesta su poder y grandeza no en la fuerza, sino en la misericordia y el perdón. Por eso, teníamos que decir con el salmo, ‘Tú, Señor, eres bueno y clemente’.
Dios nos espera. Su misericordia está siempre presente. Y ese amor y esa misericordia del Señor tiene que movernos a la conversión, a que seamos buena semilla, buena planta que demos buenos frutos. Y de la misma manera que sentimos y experimentamos esa misericordia del Señor sobre nuestra vida, así hemos de mostrarnos nosotros con los demás. ¿Quiénes somos nosotros para condenar? ¿Por qué tenemos que estar siempre mirando que el mal está en los otros y no somos capaces de ver lo malo que hay también muchas veces en nuestro corazón? Por eso, como nos decía el sabio del antiguo testamento ‘enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano’. Podríamos recordar otras parábolas del evangelio.
Nos queda pensar, siguiendo con el evangelio que hoy hemos escuchado, que esa buena semilla que hay en nosotros, aunque sea pequeña como un grano de mostaza, hemos de plantarla también para que se haga planta grande que llene de vida nuestro mundo. Esas pequeñas semillas de nuestro amor y nuestra bondad, esos buenos deseos que tenemos ahí dentro de nuestro corazón en la búsqueda de lo bueno, de la verdad, de lo que es justo, vayamos sembrándolas en nuestro mundo porque así desde esas pequeñas cosas que hacemos podemos irlo en verdad transformando.
Nos habla también Jesús, en la otra parábola, de la levadura que hace fermentar la masa. Esa fe que tenemos en nuestro corazón, esos valores del evangelio de los que nosotros queremos impregnar nuestra vida, ese sentimiento espiritual que nos hace tender hacia arriba y nos hace buscar cosas grandes tienen que ser granos de levadura que nosotros vayamos metiendo en la masa de nuestro mundo, tantas veces tan materialista, tan afanado por el consumismo, tan deseoso de placeres terrenales que le impiden dar trascendencia a la vida.
Vayamos llevando esa levadura que tenemos en nuestra vida a ese mundo que nos rodea, y aunque nos parezca que poco podemos hacer, sabemos que basta un puñado pequeño de levadura para que haga fermentar toda la masa. Es lo que podemos hacer con lo que tenemos de bueno en nosotros, con nuestra fe y con nuestros sentimientos espirituales; es lo que podemos hacer acompañando a nuestro mundo y sus problemas con nuestra oración y la vivencia de esos valores espirituales y así podremos hacer en verdad que nuestro mundo sea mejor.
Comenzábamos recordando las palabras finales de Jesús a los comentarios que hizo sobre la parábola; ‘entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre’, y decíamos que esas palabras eran de gran consuelo y esperanza. Pero diría más, son palabras también que nos comprometen; hemos de brillar como el sol en el Reino de nuestro Padre; han de brillas nuestras buenas obras, como nos dirá Jesús en otro lugar del evangelio, para que todos den gloria al Padre del cielo; hemos de resplandecer porque tenemos que ser buena semilla, levadura que transforme nuestro mundo.
Es el compromiso de nuestra fe que tenemos que vivir de forma concreta ahí en ese terreno de nuestra vida de cada día. Cada día tenemos que hacer un poco mejor el ambiente en el que vivimos, la familia, los amigos de los que nos rodeamos, el lugar de nuestro trabajo, allí donde hacemos nuestra convivencia. Nos quejamos tantas veces que vemos tanto egoísmo, tanto materialismo, tantas maldades. No nos quejemos sino pongamos nosotros bondad, amor, solidaridad, alegría, paz, esperanza, ilusión. Contagiemos, como levadura, de todo eso a los que nos rodean.

Y que nunca, de ninguna manera, nosotros seamos cizaña porque nos domine el egoísmo o la maldad. En eso tenemos que aprender a superarnos cada día. Y lo podemos hacer porque el Espíritu del Señor está en nosotros y El ora en nuestro corazón con gemidos inefables, como nos decía san Pablo, para pedir lo que mas nos conviene; pidamos esa conversión de nuestro corazón para ser siempre buena semilla para los demás, levadura para nuestro mundo.

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Pidamos la humildad

Oh Jesús! Manso y Humilde de Corazón,
escúchame:

del deseo de ser reconocido, líbrame Señor
del deseo de ser estimado, líbrame Señor
del deseo de ser amado, líbrame Señor
del deseo de ser ensalzado, ....
del deseo de ser alabado, ...
del deseo de ser preferido, .....
del deseo de ser consultado,
del deseo de ser aprobado,
del deseo de quedar bien,
del deseo de recibir honores,

del temor de ser criticado, líbrame Señor
del temor de ser juzgado, líbrame Señor
del temor de ser atacado, líbrame Señor
del temor de ser humillado, ...
del temor de ser despreciado, ...
del temor de ser señalado,
del temor de perder la fama,
del temor de ser reprendido,
del temor de ser calumniado,
del temor de ser olvidado,
del temor de ser ridiculizado,
del temor de la injusticia,
del temor de ser sospechado,

Jesús, concédeme la gracia de desear:
-que los demás sean más amados que yo,
-que los demás sean más estimados que yo,
-que en la opinión del mundo,
otros sean engrandecidos y yo humillado,
-que los demás sean preferidos
y yo abandonado,
-que los demás sean alabados
y yo menospreciado,
-que los demás sean elegidos
en vez de mí en todo,
-que los demás sean más santos que yo,
siendo que yo me santifique debidamente.

McNulty, Obispo de Paterson, N.J.
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Tumba del Santo Padre Pio.

Tumba del Santo Padre Pio.
Alli rece por todos uds. Giovani Rotondo julio 2011

Rueguen por nosotros

Padre Celestial me abandono en tus manos. Soy feliz.


Cristo ten piedad de nosotros.

Mientras tengamos vida en la tierra estaremos a tiempo de reparar todos los errores y pecados que cometimos. No dejemos para mañana . Hoy podemos acercarnos a un sacerdote y reconciliarnos con Dios,

Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia dijo Jesus

Jesucristo Te adoramos por todos aquellos que no lo hacen . Amen

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