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Adri

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viernes, 27 de diciembre de 2013

Que la ternura sea el aire de nuestra casa como lo sería en el hogar de Nazaret

Eclo. 2, 6. 12-15; Col. 3, 12-21; Mt. 2, 13-15.19-23
Navidad no se entiende sin familia. Y ya no es solo que nuestras fiestas de navidad son fiestas entrañablemente familiares, ocasión para que las familias se encuentren, convivan, coman juntos todos los miembros de la familia, padres, hijos, hermanos, aunque para muchos en eso se queda toda la celebración de la navidad.
Decimos que Navidad no se entiende sin familia porque cuando estamos celebrando el misterio de la Navidad, de la Encarnación de Dios para hacerse hombre, quiso hacerlo en el seno de una familia, en el seno de un hogar. Escogió aquel hogar de Nazaret, aquella familia de José y María para allí nacer y hacerse presente Dios hecho hombre. Espejo en el que mirarnos y ejemplo de donde aprender también para la vivencia de nuestra realidad familiar.
Pero es que además al invocar al misterio de Dios estamos hablando también de ese misterio de comunión, como en familia podríamos comparar, de las tres divinas personas en el Misterio de la Santísima Trinidad. Por eso nuestra fe cristiana la hemos de vivir también en comunión y amor, y decimos que los que formamos la comunidad cristiana somos como una familia; a la Iglesia la llamamos también la familia de los hijos de Dios.
De ahí surge que en este primer domingo después de la celebración de la Navidad volvamos nuestros ojos hacia aquel hogar de Nazaret y celebramos en consecuencia la fiesta de la sagrada familia de Jesús, José y María. Así nos lo presenta la liturgia de la Iglesia con toda sabiduría.
Hoy el evangelio precisamente nos presenta la imagen de esa sagrada familia con problemas semejantes a los que tantas familias viven hoy día. Nos habla el evangelio de unos desplazados, no solo porque antes se han tenido que venir desde Nazaret a Belén donde nace Jesús en cumplimiento de las Escrituras, sino que ahora les veremos, como tantas emigrantes que por muchos motivos  tienen que dejar sus tierras, camino de Egipto para liberarse de una persecución con las precariedades que les acompañarán en tierra extranjera; y luego a la vuelta yendo desde Judea a Nazaret de nuevo buscando donde establecerse de forma definitiva. ¿No refleja eso lo que le sucede a tantas familias que con tantas precariedades viven su realidad que incluso muchos tienen que dejar su tierra de origen para buscar mejor vida en otros lugares? Cuántos problemas de este tipo seguramente conoceremos cercanos a nosotros.
Celebramos esta fiesta, pues, de la Sagrada Familia conscientes de la importancia de la familia como célula fundamental de nuestra sociedad, pero siendo conscientes también de las dificultades y problemas de todo tipo que afectan a esta realidad de la familia, lo que nos tendría que llevar a una honda reflexión sobre todo ello. Muchas cosas podríamos decir y reflexionar. Hoy queremos sentir el dolor de tantas familias con muchos problemas en la precariedad y pobreza con que tienen que vivir por la situación actual, pero pensamos también en tantas familias rotas, divididas, desestructuradas con la cantidad de problemas sociales que se derivan para padres e hijos y hermanos.
Ese cambio acelerado que se va produciendo en nuestra sociedad algunas veces nos hace perder valores que son importantes, fundamentales tendríamos que decir, que vividos en la familia ayudarían de verdad a sus miembros en ese crecimiento humano y espiritual del que la familia tendría que ser un hermoso caldo de cultivo.
Son cosas que nos pueden parecer enormemente sencillas, pero que nos ayudan a dar esa profundidad a la vida y que nos van a ayudar de verdad a crecer como personas. Alguien ha dicho que ‘la familia es la que vive en la ternura. La ternura es como el aire de la casa’. Efectivamente algo muy sencillo como es sentirse aceptado, querido, valorado porque sencillamente nos queremos, nos manifestamos con esa ternura del cariño.
Si así nos tratamos nos sentiremos en una mayor unión, en esa comunión, comunidad de vida y de amor que tiene que ser una familia. En esa aceptación, en esa ternura que nos hace valorarnos de verdad, creceremos más y más como personas, porque irán surgiendo todas esas posibilidades que vamos teniendo en la vida. Ese amor y esa ternura nos hacen creativos, porque nos hará ir buscando siempre lo mejor de nosotros mismos para ofrecerlo a los demás. En una familia así no habrá rutinas ni surgirán cansancios, porque el amor hará que todo lo que vayamos viviendo en todo momento tenga el sabor de lo nuevo.
Eso nos dará  fuerza para superar dificultades, para ser capaces de hacer sacrificios en bien de los demás, nos hará prevenidos contra el consumismo que tantas veces nos acecha para valorar en todo lo momento lo que de verdad necesitamos y alejarnos de lo superfluo; eso facilitará la convivencia que algunas veces se  nos puede hacer difícil, nos dará alegría y nos hará vivir la vida también son sentido del humor para alegrar la vida de los demás.
Viviendo cosas así tan sencillas, nos hará ser abiertos para los demás, para entrar en relación con los otros y para ser sensibles también a las necesidades de los demás; seremos capaces de superar la tentación de encerrarnos en nosotros mismos y hará también que nuestro hogar sea siempre como un corazón abierto para cuantos se acerquen a él; la familia que pretende encerrarse en sí misma tiene el peligro de destruirse porque está restándole unas cualidades y valores importantes para un amor verdadero, que siempre nos hará estar abiertos a los demás.
Y abiertos, sobre todo a Dios, para ponerlo en el centro de nuestro hogar, como el verdadero motor de todo eso que queremos vivir. A El le daremos gracias por todo ese don de la vida que ha sembrado en nosotros y esa capacidad para el amor, y a El le pediremos su fuerza y su gracia para que en verdad siempre caminemos por esos buenos caminos.
Todo esto lo estamos diciendo de la familia, pero son valores humanos que hemos de vivir en cualquier comunidad, valores humanos que tenemos que cultivar muy bien en todo lo que sea relación y convivencia con los que están a nuestro lado.
Es lo que con otras palabras muy concretas nos decía san Pablo en la carta a los Colosenses. Aunque escuchamos este texto de la Palabra en el ámbito de esta fiesta de la Sagrada Familia, hemos de saber que cuando Pablo le escribía todo eso que hemos escuchado a los cristianos de Colosas, estaba refiriéndose a lo que había de ser y había de vivirse en aquella comunidad. A la comunidad y a la familia, por supuesto, podemos aplicarlo porque son valores humanos muy fundamentales y necesarios en una y en otra, para ese crecimiento como persona y ese crecimiento de nuestra vida familiar.
Se nos habla de compasión, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia, de comprensión y de perdón como una vestidura de nuestra vida que hemos de ceñir con el amor y la paz. Y se nos habla de cómo ha de estar presente la Palabra de Dios siempre en nuestra vida, en el centro de nuestro hogar, sabiendo dar gracias a Dios, sabiendo invocarlo en todo momento para tenerlo presente y hacer que con toda nuestra vida demos siempre gloria al Señor.

Hoy contemplamos a la Sagrada Familia de Nazaret y la hemos contemplado también en el evangelio en esas dificultades de la vida,  semejantes a las dificultades con que cada día nosotros podemos encontrarnos. Que El Señor nos ilumine. Que el Señor nos regale su gracia. Que siempre amor en nuestros corazones, para que también en esa apertura de la que hablábamos hace un momento estemos siempre abiertos a las necesidades y problemas de los demás para que allí pongamos el bálsamo de nuestro amor y de nuestra solidaridad. 

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Pidamos la humildad

Oh Jesús! Manso y Humilde de Corazón,
escúchame:

del deseo de ser reconocido, líbrame Señor
del deseo de ser estimado, líbrame Señor
del deseo de ser amado, líbrame Señor
del deseo de ser ensalzado, ....
del deseo de ser alabado, ...
del deseo de ser preferido, .....
del deseo de ser consultado,
del deseo de ser aprobado,
del deseo de quedar bien,
del deseo de recibir honores,

del temor de ser criticado, líbrame Señor
del temor de ser juzgado, líbrame Señor
del temor de ser atacado, líbrame Señor
del temor de ser humillado, ...
del temor de ser despreciado, ...
del temor de ser señalado,
del temor de perder la fama,
del temor de ser reprendido,
del temor de ser calumniado,
del temor de ser olvidado,
del temor de ser ridiculizado,
del temor de la injusticia,
del temor de ser sospechado,

Jesús, concédeme la gracia de desear:
-que los demás sean más amados que yo,
-que los demás sean más estimados que yo,
-que en la opinión del mundo,
otros sean engrandecidos y yo humillado,
-que los demás sean preferidos
y yo abandonado,
-que los demás sean alabados
y yo menospreciado,
-que los demás sean elegidos
en vez de mí en todo,
-que los demás sean más santos que yo,
siendo que yo me santifique debidamente.

McNulty, Obispo de Paterson, N.J.
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Tumba del Santo Padre Pio.

Tumba del Santo Padre Pio.
Alli rece por todos uds. Giovani Rotondo julio 2011

Rueguen por nosotros

Padre Celestial me abandono en tus manos. Soy feliz.


Cristo ten piedad de nosotros.

Mientras tengamos vida en la tierra estaremos a tiempo de reparar todos los errores y pecados que cometimos. No dejemos para mañana . Hoy podemos acercarnos a un sacerdote y reconciliarnos con Dios,

Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia dijo Jesus

Jesucristo Te adoramos por todos aquellos que no lo hacen . Amen

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