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Adri

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir mas ante el pecado.

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sábado, 30 de noviembre de 2013

Porque viene, se le espera, El nos tiene anunciada su venida

Is. 2, 1-5; Sal. 121; Rm. 13, 11-14; Mt. 24, 37-44
Llega el tiempo del Adviento y van surgiendo, como rebotando, una serie de palabras con las que queremos expresar lo que son los sentimientos que brotan en nosotros ante la llegada del Adviento o que nos señalan una serie de actitudes que consideramos importante vivir en este tiempo.  
Hablamos de adviento y hablamos de la venida del Señor; hablamos de adviento y enseguida surgen el pensamiento de la esperanza o de la vigilancia, como  nos recuerda la noche con sus sueños y tinieblas de la que hay que despertar parece que se  nos abriera un camino que nos condujera a la luz; va sintiéndose como aparecen unos sentimientos de alegría por algo que está por llegar y nos sentimos en la necesidad de preparar algo o de prepararnos nosotros ante un acontecimiento grande que se acerca a nuestra vida y de alguna manera va a influir en nosotros, en nuestros sentimientos o en nuestras actitudes.
Pero ¿qué es el Adviento?, nos seguimos preguntando en el fondo; ¿qué es lo que tenemos que hacer o preparar?, parece que son preguntas que se nos hacen o nos hacemos a nosotros mismos.
La palabra en si misma, Adviento, sí que nos está hablando de una venida y de una venida para la que hemos de estar preparados. En sentido cristiano estamos hablando de la venida del Señor, porque por una parte nos disponemos a celebrar su primera venida en la carne cuando se hizo Enmanuel para ser Dios con nosotros que nos traía la salvación; pero nos sigue hablando de una venida del Señor que ya no es solo celebración y memorial de algo pasado, sino que nos hace pensar en el futuro y en su segunda venida al final de los tiempos.
Pero media el tiempo presente en el que también hemos de saber descubrir una venida, la venida del Señor que llega a nuestra vida y para lo que hemos de estar atentos para no perdernos su presencia y su gracia salvadora en el  hoy de nuestra vida. La liturgia con que celebramos nuestra fe está empapada de estos tres aspectos, llamémoslos así, de su venida.
Porque viene, se le espera, pero además El nos tiene anunciada su venida. Es por eso por lo que realmente, sí, llamamos a este momento tiempo de esperanza. Esperamos al Señor como lo anunciaban y esperaban los profetas del Antiguo Testamento y como lo esperaba el pueblo creyente de Israel deseosos de la llegada de su Mesías; esperamos la venida del Señor porque nos prometió una venida con gran poder y gloria al final de los tiempos donde el Hijo del Hombre llegará como juez que nos juzgue en el último día; esperamos la venida del Señor cada día y en cada momento porque El nos prometió su presencia para siempre con nosotros hasta el final de los tiempos y muchas veces se nos nublan los ojos del alma y no sabemos descubrir su presencia ni llenarnos de su gracia salvadora.
Pero nuestra esperanza no es una esperanza pasiva; es una esperanza que nos hace estar atentos y vigilantes, como el vigía o el centinela que espera la llegada del amanecer de un nuevo día pero durante la noche está vigilante para que en medio de aquellas tinieblas no haya ninguna sorpresa que nos pudiera poner en peligro.
Pero la esperanza verdadera nunca se vive desde el agobio ni la angustia; la esperanza verdadera no solo nos hace abrir bien los ojos para que no haya ningun peligro que nos dañe, sino para estar muy atento a las señales que van anunciandonos la llegada de lo que esperamos; la esperanza verdadera nos hace vivir con un sentido nuevo todo aquello que nos va pasando en la espera del sumo bien que estamos esperando y deseando; la esperanza verdadera va ya pregustando las mieles de la alegría que un día podrá vivir en plenitud, aunque ahora el camino se haga tortuoso o esté lleno de sufrimientos y dificultades; la verdadera esperanza no nos deja adormecernos en rutinas y desganas, ni nos permite dejarnos sucumbir en medio de los esfuerzos y responsabilidades que cada día hemos de vivir.
La verdadera esperanza nos hace fuertes y maduros, nos da ánimos para la lucha y para la superación en valores y virtudes cada día, nos impulsa al crecimiento de nuestra verdadera personalidad humana pero levanta también nuestro espíritu haciendonos mirar hacia lo alto para poner grandes metas e ideales en la vida. La verdadera esperanza nos hace cada día más humanos y más divinos al mismo tiempo, porque caminando con los pies a ras de tierra en lo que es la vida de cada día, nos hace levantar el espíritu dándole alas de trascendencia a lo que hacemos o por lo que luchamos acercándonos más a Dios.
Sin embargo somos conscientes de que muchas veces nuestra esperanza se nos puede debilitar por muchos motivos y razones. Nos podemos sentir turbados por los agobios que nos producen los problemas que nos envuelven en lo inmediato de cada día o podemos sentir la tentación de tirar la toalla en nuestro camino de superación porque quizá nos sintamos débiles o incapaces; podemos cegarnos en el deseo de las cosas cercanas e inmediatas que deseamos obtener pronto y podemos olvidar la grandeza de aquellas otras cosas por las que merece mantener el esfuerzo y la lucha porque ponen altas metas e ideales en nuestra vida.
Todo esto puede hacer que nos encontremos en medio de un mundo donde muchas veces se ha perdido la esperanza; las crisis y los problemas pueden cegarnos el alma y hacernos olvidar lo que es verdaderamente grande y nos haría grandes; el materialismo que todo lo invade o el deseo del placer fácil nos pueden hacer que nos arrastremos demasiado a ras de tierra dejándonos llevar por la pasión inmediata y se pierda toda ilusión por algo más grande y mejor.
Pero en medio de ese mundo estamos nosotros celebrando el Adviento. Y no olvidamos que viene el Señor y su venida viene a avivar nuestra esperanza haciendola rebrotar con los más hermosos y puros deseos. En medio de ese mundo queremos mantener nuestra esperanza porque sabemos que viene a nuestra vida el que con su salvación va a hacer surgir un mundo nuevo empezando por transformar nuestro corazón.
Aunque sean muchas las cosas que nos quieran adormecer o hacer perder la esperanza nosotros queremos escuchar el grito que nos despierta y nos da fuerza para salir de esas sombras de tinieblas en que el mundo con sus pasiones quiere envolvernos. Sí, queremos estar atentos y vigilantes porque no sabemos a que hora vendrá nuestro Señor. Atentos y vigilantes porque queremos estar bien preparados y pertrechados con las armas de la luz y con el escudo protector de la Palabra de Dios y revestidos con el vestido de la gracia del Señor.
‘Daos cuenta del momento en que vivís, nos decía el apóstol san Pablo; ya es hora de despertarnos del sueño porque nuestra salvación está cerca… conduzcámonos como en pleno día… vestíos del Señor Jesucristo’. Que nada nos confunda ni nos distraiga de un verdadero Adviento. Habrán otras luces que brillarán queriéndonos encandilar y confundir; aunque brillen muchas luces externas sin embargo el mundo sigue envuelto en las tinieblas de la noche y muchas veces rechaza la luz verdadera.
De cuántas cosas nos habla el mundo para decirnos que eso es navidad. Busquemos la verdadera navidad, la que llega a nosotros con la venida del Señor a nuestra vida y nos hará vivir la verdadera salvación del Señor. Que no son comidas ni golosinas, ni regalos superficiales ni encuentros muchos de ellos llenos de falsedad e hipocresía. No nos dejemos engatusar ni confundir. Dejemonos, sí, transformar por la presencia y la gracia del Señor para hacer que nosotros seamos mejores y nuestro mundo sea mejor y esté más lleno de justicia y de paz, para hacer que en verdad todos lleguen a reconocer que Dios es el único Señor de nuestra vida y que el Evangelio de Jesús tendrá que ser el verdadero motor de nuestro mundo para hacer un mundo mejor que realmente sea el Reino de Dios.

‘Estad preparados porque a la hora que menos pensais llega el Hijo del Hombre’. Que no perdamos la perspectiva de la verdadera esperanza en nuestra vida.

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Pidamos la humildad

Oh Jesús! Manso y Humilde de Corazón,
escúchame:

del deseo de ser reconocido, líbrame Señor
del deseo de ser estimado, líbrame Señor
del deseo de ser amado, líbrame Señor
del deseo de ser ensalzado, ....
del deseo de ser alabado, ...
del deseo de ser preferido, .....
del deseo de ser consultado,
del deseo de ser aprobado,
del deseo de quedar bien,
del deseo de recibir honores,

del temor de ser criticado, líbrame Señor
del temor de ser juzgado, líbrame Señor
del temor de ser atacado, líbrame Señor
del temor de ser humillado, ...
del temor de ser despreciado, ...
del temor de ser señalado,
del temor de perder la fama,
del temor de ser reprendido,
del temor de ser calumniado,
del temor de ser olvidado,
del temor de ser ridiculizado,
del temor de la injusticia,
del temor de ser sospechado,

Jesús, concédeme la gracia de desear:
-que los demás sean más amados que yo,
-que los demás sean más estimados que yo,
-que en la opinión del mundo,
otros sean engrandecidos y yo humillado,
-que los demás sean preferidos
y yo abandonado,
-que los demás sean alabados
y yo menospreciado,
-que los demás sean elegidos
en vez de mí en todo,
-que los demás sean más santos que yo,
siendo que yo me santifique debidamente.

McNulty, Obispo de Paterson, N.J.
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Tumba del Santo Padre Pio.

Tumba del Santo Padre Pio.
Alli rece por todos uds. Giovani Rotondo julio 2011

Rueguen por nosotros

Padre Celestial me abandono en tus manos. Soy feliz.


Cristo ten piedad de nosotros.

Mientras tengamos vida en la tierra estaremos a tiempo de reparar todos los errores y pecados que cometimos. No dejemos para mañana . Hoy podemos acercarnos a un sacerdote y reconciliarnos con Dios,

Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia dijo Jesus

Jesucristo Te adoramos por todos aquellos que no lo hacen . Amen

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