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Adri

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir mas ante el pecado.

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viernes, 5 de julio de 2013

pongamonos en camino de construir el reino de dios

Pongámonos en camino de construir el Reino de Dios

Is. 66, 10-14; Sal. 65; Gál. 6, 14-18; Lc. 10, 1-2.17-20
‘¡Poneos en camino!’, les dice Jesús a aquellos ‘setenta y dos discípulos que envió por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir El’. Iban a ser como los precursores de su camino. Iban subiendo a Jerusalén pero seguían haciendo el anuncio del Reino allá por donde iban. Nos recuerda el principio del Evangelio. El Bautista había salido también al desierto a preparar los caminos; era el precursor del Mesías con una misión muy clara y muy concreta.
Ahora de semejante manera, podríamos decir, Jesús envía a estos discípulos también con una misión muy clara y muy concreta. Los había ido preparando; no solo a los doce, sino al grupo más amplio de los discípulos que lo seguían y estaban con El. Ya les había indicado el sentido de su subida a Jerusalén y se había puesto en camino. Les había ido señalando algunas características de cómo habían de ser sus discípulos, lejos de la violencia o imposición, con disponibilidad total y radical, siempre caminando hacia adelante para ir abriendo el surco y realizar la siembra de la semilla de la Palabra de Dios.
‘¡Poneos en camino!’ Ahora los envía completando las instrucciones. Conscientes de la abundancia de la mies y de la escasez de los obreros, por eso el camino que habían de hacer en el nombre del Señor lo habían de iniciar invocando al Señor. ‘La mies es abundante y los obreros pocos; rogad al dueño de la mies que mande obreros a su mies’. Eran ellos los ahora enviados que en el nombre y con la gracia del Señor habían de salir a hacer también ese primer anuncio del Reino de Dios.
‘¡Poneos en camino!’ y lo primero que ha de aparecer es su disponibilidad y su confianza. No van dotados de medios humanos y la tarea tampoco ha de ser fácil. ‘Mirad que os mando como corderos en medio de lobos’. Ya cuando los apóstoles habían ido a buscar alojamiento se encontraron oposición. Ahora y en adelante no les va a faltar.
Escasos de medios humanos quizá, porque han de ir vacíos de apoyos externos, sin embargo han de llevar el corazón lleno de Dios y de su paz que es la verdadera riqueza. ‘Decid primero: paz a esta casa’. Es el primer anuncio y saludo. Como los ángeles en Belén en su nacimiento. También había pobreza de medios, era un simple establo y unos pobres pastores que cuidaban sus rebaños pero allí resonaba el anuncio de la paz.
La misión de Jesús es siempre una misión de paz. Es lo que nos viene a traer Jesús. La misión del discípulo de Jesús ha de ser igualmente siempre una misión de paz: nuestros gestos, nuestras miradas, nuestras palabras, nuestras actitudes siempre han de ser anunciadoras de paz; es lo que nosotros hemos de llevar a los demás, a ese mundo que nos rodea obsesionado quizá por otras cosas, añorando quizá tiempos o lugares de abundancia o satisfacciones inmediatas, pero olvidándose de la verdadera paz del corazón que es lo primero que tendríamos que buscar.
No son los bienes materiales o las riquezas humanas los que nos van a dar la verdadera paz; hemos de buscarla en lo más hondo de nosotros mismos y en otros valores de mayor importancia y nos lleven a la verdadera plenitud; hemos de saber sentirla en el corazón donde el Señor siempre depositará esa semilla de la paz que hemos de hacer crecer. Es un don de Dios al tiempo que una tarea. Por eso, el verdadero discípulo de Jesús con sus palabras y con su vida siempre ha de estar haciendo ese anuncio de paz, siempre ha de ser misionero de la paz, siempre ha de estar comprometido en ser constructor de la paz allí donde esté.
‘Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: está cerca de vosotros el Reino de Dios’. Es el anuncio pero son también las señales del Reino que ya se están dando. Es la acogida, el compartir, el curar y consolar; es la paz que se va sembrando en los corazones, es el amor que comienza a florecer; es el mal que se va arrancando del corazón, es el reconocimiento de la presencia del Señor. Ahí se están dando las señales del Reino de Dios que llega, pero tarea en la que nos hemos de comprometer.
Cuando regresaron de nuevo al encuentro con Jesús sus corazones desbordaban de alegría y de paz; se sentían satisfechos y alegres por la misión que habían cumplido. ‘Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre’. Pero Jesús les advierte que estén alegres no por las satisfacciones o reconocimientos humanos que pudieran tener, sino porque sus nombres estaban inscritos en el cielo.
Siempre nos está recordando Jesús lo esencial; nunca nos podemos dejar cautivar por vanidades humanas que nos llenen de orgullo, sino que nuestra mirada ha de estar puesta en el cielo, en la vida eterna junto a Dios. ‘Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo’, les dice. Allí será donde verdaderamente seremos ensalzados, que es lo importante; es el premio de la vida eterna en la plenitud del Reino de los cielos. Qué bien nos viene recordar estas palabras de Jesús ya que somos tan dados a la búsqueda de esos reconocimientos.
Este envío que Jesús hace de estos setenta y dos discípulos tendría que hacernos pensar mucho. No simplemente estamos recordando lo que entonces hizo Jesús. Estamos celebrando aquí y ahora la misión que a nosotros Jesús también nos confía. No es una palabra que nos suene antigua lo que ahora estamos escuchando sino que es una Palabra, la Palabra que Dios hoy, aquí y ahora a nosotros nos está diciendo.
Como aquellos setenta y dos discípulos a nosotros Jesús también nos dice: ‘¡Poneos en camino!’ y tenemos que ir por delante, tenemos que ser precursores, con nuestra palabra, con nuestros gestos, con nuestro actuar, con nuestra vida, de ese Reino de Dios que está cerca, que está en medio de nosotros; reino de Dios que hemos de descubrir y que hemos de hacer florecer. Constatar esas señales del Reino de Dios que ya se están dando entre nosotros cuando somos capaces de compartir y de sentir preocupación por los demás, o cuando vamos sembrando pequeñas semillas de paz allí donde estamos con nuestros gestos, con nuestra mirada, con nuestra sonrisa, con nuestras palabras, con nuestra forma nueva de actuar.
Nos queremos más cada día, es porque el Reino de Dios se está haciendo presente entre nosotros; nos esforzamos por vivir en paz y en armonía, y estamos dando señales de que el Reino de Dios es importante para nosotros; sentimos dolor en el corazón por los que tienen tantas carencias a nuestro lado y ponemos nuestro granito de arena para remediarlo, es señal de que el Reino de Dios se está adueñando de nuestro corazón; somos capaces de tener una palabra amigable con el vecino o con el que está a nuestro lado, le llevamos una sonrisa al que sufre, o ponemos un poquito de ilusión en el corazón de quien parece que pierde la esperanza, estamos sembrando semillas del Reino de Dios que harán florecer un día un mundo nuevo y mejor.
Tengamos esperanza de que esas pequeñas cosas que queremos hacer a cada momento un día vayan a hacer florecer la vida en el corazón de muchos a quienes se les han roto las ilusiones y las esperanzas. Así iremos construyendo el Reino de Dios, así iremos sembrando la paz de Dios en el corazón de los hombres y haremos un mundo mejor.

No  nos quedemos quietos, pongámonos en camino como nos pide hoy el Señor y nuestros nombres estarán inscritos en el cielo.

1 comentario:

Adriana dijo...

GRACIAS PADRE Carmelo por seguir sosteniendo el MOVIMIENTO CON SUS PALARGAS.SEA GLORIFICADO JESUS

Aqui puedes leer mas mensajes del Movimiento.

Administracion general y adjuntos

Pidamos la humildad

Oh Jesús! Manso y Humilde de Corazón,
escúchame:

del deseo de ser reconocido, líbrame Señor
del deseo de ser estimado, líbrame Señor
del deseo de ser amado, líbrame Señor
del deseo de ser ensalzado, ....
del deseo de ser alabado, ...
del deseo de ser preferido, .....
del deseo de ser consultado,
del deseo de ser aprobado,
del deseo de quedar bien,
del deseo de recibir honores,

del temor de ser criticado, líbrame Señor
del temor de ser juzgado, líbrame Señor
del temor de ser atacado, líbrame Señor
del temor de ser humillado, ...
del temor de ser despreciado, ...
del temor de ser señalado,
del temor de perder la fama,
del temor de ser reprendido,
del temor de ser calumniado,
del temor de ser olvidado,
del temor de ser ridiculizado,
del temor de la injusticia,
del temor de ser sospechado,

Jesús, concédeme la gracia de desear:
-que los demás sean más amados que yo,
-que los demás sean más estimados que yo,
-que en la opinión del mundo,
otros sean engrandecidos y yo humillado,
-que los demás sean preferidos
y yo abandonado,
-que los demás sean alabados
y yo menospreciado,
-que los demás sean elegidos
en vez de mí en todo,
-que los demás sean más santos que yo,
siendo que yo me santifique debidamente.

McNulty, Obispo de Paterson, N.J.
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Tumba del Santo Padre Pio.

Tumba del Santo Padre Pio.
Alli rece por todos uds. Giovani Rotondo julio 2011

Rueguen por nosotros

Padre Celestial me abandono en tus manos. Soy feliz.


Cristo ten piedad de nosotros.

Mientras tengamos vida en la tierra estaremos a tiempo de reparar todos los errores y pecados que cometimos. No dejemos para mañana . Hoy podemos acercarnos a un sacerdote y reconciliarnos con Dios,

Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia dijo Jesus

Jesucristo Te adoramos por todos aquellos que no lo hacen . Amen

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