Que alegria amigo que entres a esta Casa .Deja tu huella aqui. Escribenos.

Se alegra el alma al saber que tu estas aqui, en nuestra casa de paz

Amigo de mi alma tengo un gran deseo en mi corazon Amar a Dios por todos aquellos que no lo hacen hoy. ¿Me ayudas con tus aportes de amor cada vez que entres aqui? dejanos tu palabra de bien, tu gesto amoroso hacia Dios y los hermanos.

Seamos santos. Dios nos quiere santos

Adri

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir mas ante el pecado.

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir  mas ante  el pecado.
Determinemonos en el deseo de llegar a ser santos.

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lunes, 19 de diciembre de 2011

viernes, 16 de diciembre de 2011

Nos ha llegado una carta del cielo


2Sam. 7, 1-5.8-12.14-16;

Sal. 88;

Rom. 16, 25-27;

Lc. 1, 26-38

Hay noticias que nos llenan de alegría, que nos sorprenden o nos aturden, por inesperadas, por la importancia de la noticia, por las repercusiones que pueden tener en nuestra vida, por el compromiso. ‘Te voy a dar una noticia’, nos dice alguien y nos quedamos ansiosos en la duda de lo que se nos va a comunicar. Recibimos una carta que no esperábamos, y, o la abrimos rápidamente a ver qué nos dice, o le damos vueltas y vueltas antes de abrirla y leerle temerosos quizá de lo que se nos puede decir o anunciar.

Hoy un ángel viene a traer una noticia a María. Grande tiene que ser la noticia cuando es tal el embajador que viene del cielo a traerla; algo extraordinario tiene que ser cuando comienza el ángel con tales saludos y alabanzas. ‘Alégrate, la llena de gracia, el Señor está contigo’. Grandioso tiene que ser para tales saludos y María se queda ensimismada ‘ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel’.

Porque poco menos que tiene que sacudirla el ángel para que quite sus temores. ‘No temas, María’, y ahora la llama ya por su nombre. ‘Has hallado gracia ante Dios’, y el ángel le anuncia que el Salvador va a venir, que el anunciado por los profetas y deseado de las naciones está al llegar, que el Mesías a hacerse presente en medio del pueblo que lo esperaba, que el Hijo de Dios se va a encarnar en sus entrañas.

‘Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús’. Se ha de llamar Jesús, porque es el Hijo de Dios y Dios le ha puesto ese nombre; se ha de llamar Jesús porque es Dios que salva, es Dios que se hace presente con su salvación. Es el Hijo del Altísimo. Es el Hijo de Dios. El Espíritu Santo vendrá sobre ti. Serás la Madre de Dios.

Y María sigue contemplando, meditando, rumiando aquella sorprendente noticia. ¿Quién es ella para merecer tal don? ¿Cómo podrá realizarse milagro tan grande? El Misterio de Dios que en su inmensidad llena el universo está inundando el corazón de María, y ella se sigue sintiendo pequeña para algo tan grande. El que no cabe en todo el universo porque todo lo desborda en su omnipotencia y en su omnipresencia se va a hacer presente en sus entrañas. Y ella es pequeña, es una humilde servidora, la esclava del Señor. ‘Hágase en mí según tu palabra’, es la respuesta de María. Es que no sabe decir otra cosa quien siempre ha vivido en las manos de Dios y de Dios se ha dejado ir haciendo. ‘Aquí está la esclava del Señor’.

Nos ha llegado a nosotros una carta del cielo. Una embajada se acerca también a nuestra vida. Para nosotros es también esa Buena Noticia que hoy escuchamos. Viene el Señor con su salvación tan esperada. También a nosotros se nos dice: ‘el Señor está contigo’. Nos llega el Salvador con su gracia y su perdón. ‘Has hallado gracia ante Dios’. Dios se hace presente entre nosotros, en nuestra vida, en nuestro mundo. El ángel también nos anuncia a nosotros la navidad. Es la gran noticia que escuchamos este domingo y ya la navidad está cerca.

Hay, sin embargo, un peligro: que no llegue a ser noticia para nosotros porque nos creamos que ya nos la sabemos; que ya no nos impacte ni nos sintamos soprendidos porque nos hemos acostumbrado o hemos hecho otra cosa de la navidad. Así nos irá entonces en la navidad que no puede ser en consecuencia la verdadera navidad. Es el gran peligro y la gran tentación de acostumbrarnos a las cosas que ya entonces no le damos importancia. Es el gran peligro y tentación de que la Palabra del Señor ya no nos diga nada, no llegue a ser para nosotros Buena Noticia. Algo nos estaría fallando.

Tenemos que aprender de María y dejarnos sorprender por la Palabra de Dios. Tenemos que aprender de María y llenarnos de su espíritu humilde porque sólo así Dios se nos revela y se nos manifiesta. Tenemos que aprender de María para saber abrir nuestro espíritu y nuestro corazón al misterio de Dios. Tenemos que aprender de María y aprender a rumiar en nuestro corazón las cosas de Dios que se nos van manifestando, aunque tengamos que hacernos preguntas, aunque no todo siempre lo entendamos. Tenemos que aprender de María y poner en juego toda nuestra fe para abrir los ojos y reconocer ese mensaje divino que nos anuncia que Dios está con nosotros, que para nosotros es también su gracia y su vida.

No podemos decir sin más, bueno, ya estamos en el cuarto domingo de adviento y el próximo fin de semana es navidad. Parecería que nos dejamos llevar por superficialidad de las cosas que se repiten sin más y no es para nosotros la gran Noticia, la Buena Noticia de que el Señor está cerca y viene a ser Dios con nosotros.

Lo hemos estado esperando; nos hemos ido preparando a través de todo el adviento para este momento. Mucho habremos reflexionado y orado. Somos conscientes de que el mundo necesita esta venida del Señor; hay tanto sufrimiento a nuestro alrededor, hay tantos problemas y agobios, hay tantas desesperanzas, hay tanta gente que ha perdido la ilusión y se siente sin fuerzas para luchar, hay tanta gente que camina como en tinieblas, o desorientados, o sin metas en la vida, hay tanta gente envuelta en las redes de la muerte y del pecado.

Necesitamos que venga el Señor con la salvación. Necesitamos esa luz que nos despierte y nos llene de nuevas esperanzas. Necesitamos esa fuerza espiritual que sea consuelo que nos reconforte en nuestros agobios o sufrimientos. Necesitamos esa vida nueva que sólo en el Señor podemos encontrar y que El viene a traernos. Seguimos orando al Señor pidiendo que venga y que venga pronto y transforme nuestros corazones para que se pueda transformar nuestro mundo.

Estos días en nuestros hogares estamos con muchos preparativos de muchas cosas porque queremos celebrar bien y con mucha alegría la navidad. Una de las cosas, de las bonitas costumbres de nuestros hogares que no deberíamos de perder, es el hacer nuestro Belén, nuestro portalico de Belén, que sea como un signo en medio de nuestro hogar del misterio que estamos celebrando. Allí en medio colocaremos a Jesús en su bendita Imagen, pero que sea signo de que en el portalico de Belén de nuestra vida coloquemos en verdad a Jesús. No una imagen, sino al mismo Jesús. Tenemos que hacer un nuevo portal de Belén bien significativo para cuantos nos rodean.

Que en verdad coloquemos a Jesús en el centro de nuestra vida para que nos ilumine con su luz, para que se despierten de nuevo nuestras esperanzas e ilusiones por algo nuevo y distinto, por un mundo nuevo que llamamos Reino de Dios. Que en verdad coloquemos a Jesús ahí en el centro de todo y nos demos cuenta de que nosotros tenemos que ser ese consuelo de Jesús para cuantos sufren a nuestro alrededor, que nosotros hemos de llevar esa fuerza y esa gracia del Señor a los que se sienten débiles o derrotados.

Que en verdad coloquemos a Jesús en el centro de todo porque llevemos la Buena Noticia de su evangelio de salvación a todos para que encuentren la gracia, el perdón, el amor y la paz que viene a traernos Dios. ‘El Señor está contigo’, el Señor está con nosotros. Que en verdad coloquemos a Jesús en medio de todo nuestro mundo para que hagamos la más hermosa navidad y nuestro mundo se sienta transformado por la presencia de Dios en medio de nosotros. Que sintamos en verdad que hemos hallado gracia ante los ojos de Dios.

Tenemos una hermosa tarea que realizar.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Igual que Juan vayamos al mundo como testigos de luz para dar testimonio de Jesús


Is. 61, 1-2.10-11;

Sal.: Lc. 1, 46-54;

1Tes. 5, 16-24;

Jn. 1, 6-8.19-28

‘Surgió un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan, no era él la luz, sino testigo de la luz, venía como testigo para que por su testimonio todos vinieran a la fe’. Así nos comienza hoy el texto del evangelio. Allá en el desierto, junto al Jordán lo hemos contemplado en toda su austeridad, ‘vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura… se alimentaba de saltamontes y miel silvestre…’

Es la figura del profeta que repetidamente estos días contemplamos y escuchamos. Nos habla su vida, su austeridad, su penitencia, su humildad, sus palabras vibrantes que quieren despertar los corazones. Con toda su vida está siendo testigo que nos conduce a la luz, porque nos conduce a Jesús. Es el Precursor, el que viene antes, el que prepara los caminos, caminero de Dios, podríamos llamarlo.

A El acuden de todas partes porque se despiertan las esperanzas en la pronta venida del Mesías. De Jerusalén, de toda Judea, de la lejana Galilea acuden a escuchar su palabra y su invitación a la conversión. Como un nuevo Elías, con el espíritu y el poder de Elías, es la voz que grita en el desierto para preparar los caminos del Señor. Y la gente se sumerge en el agua del Jordán para someterse a aquel bautismo de penitencia y purificación confesándose pecadores.

Se despiertan esperanzas, pero se despiertan interrogantes en los corazones. No todos quizá comprenderán aquello nuevo que está surgiendo allá en el desierto. No se debe apagar el Espíritu ni despreciar el don de profecía, como más tarde diría san Pablo y hoy también hemos escuchado. Pero surge la embajada enviada desde Jerusalén. ‘Los judíos – las autoridades religiosas – de Jerusalén enviaron sacerdotes y levitas a preguntar a Juan’.

Surge el interrogatorio. ‘¿Tú quién eres?... ¿eres tú Elías?... ¿Eres tú el profeta?... ¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo?... ¿por qué bautizas?’

Juan lo tiene claro. ‘Yo no soy el Mesías… no soy el profeta… Yo soy la voz que grita en el desierto: Allanad el camino al Señor, como dijo el profeta Isaías’. Allí está la humildad del Bautista. El no es la Palabra, sino la voz que anuncia la Palabra que está por llegar.

‘Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis; el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de su sandalia’. Es el precursor que viene antes, que prepara los caminos. Jesús dirá de él que no ha nacido de mujer uno mayor que Juan, pero él no se considera digno de desatar la correa de su sandalia.

Cuánto nos está enseñando Juan con su austeridad, con su humildad, con sus gestos y actitudes, con su presencia allá en la orilla del Jordán. Viene a preparar caminos; viene a caldear los corazones; viene a ayudarnos a abrir nuestros oídos porque llega la Palabra. Nos grita, nos despierta, nos saca de nuestras modorras o nos abaja de nuestros pedestales.

El camino para ir hasta Jesús ha de ser un camino que pase también por la humildad, por la disponibilidad y la apertura de nuestro corazón y nuestra vida. Sólo así lo encontraremos porque es así también como se va a manifestar El, como le vamos a contemplar en Belén, y en los caminos de Palestina, y en el Calvario y en la Cruz.

Viene el que está ungido por el Espíritu del Señor, como decía el profeta, y por eso es el Mesías; viene a traernos una Buena Noticia - El mismo es esa Buena Noticia – que nos anuncia salvación, año de gracia, vida nueva, consuelo para los que sufren, paz para los atormentados en su corazón, liberación de todas las cosas que nos atan y esclavizan, amor que transforma los corazones para transformar el mundo.

Todo eso nos llena de gozo – es el domingo de la alegría en medio del camino del adviento por la esperanza que suscita en nuestros corazones con el anuncio de su cercana venida – y el profeta desborda de gozo y alegría en el Señor invitándonos a vestirnos también nosotros ese manto de triunfo, de alegría esperanzada. Por eso hemos cantado también en el salmo con el cántico de María proclamando la grandeza del Señor, la grandeza de su amor para con nosotros.

Todo esto nos está señalando claramente las cosas fundamentales que hemos de preparar para la venida del Señor. Porque hemos de hacer el camino. Nuestra esperanza nunca es pasiva. Recordemos lo que en otros momentos se nos dice de tener las lámparas encendidas en nuestras manos para esperar la llegada del Señor con suficiente aceite para que no se nos apaguen. San Pablo cuando nos invitaba hoy a la alegría nos decía también ‘sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto a vosotros’. Y nosotros le gritamos, ‘marana tha, ven Señor Jesús… ven pronto, Señor, no tardes’.

Pero si el que viene lleno del Espíritu del Señor viene dar buena noticia a los que sufren, vendar los corazones desgarrados, anunciar la amnistía y la libertad a los cautivos para que se proclame el año de gracia del Señor, creo que nosotros hemos de convertirnos en signo de todo eso medio de nuestro mundo con tantos corazones rotos y divididos, con tanto sufrimiento y con tantas ataduras tan difíciles de romper. Por nuestra vida, por los que hacemos, por nuestras actitudes, por el amor que transpiramos en todo nuestro ser, tenemos que convertirnos en signos de esa gracia salvadora del Señor para nuestro mundo.

Juan fue un testigo de la luz, y con toda su vida vino a dar testimonio en medio de su mundo concreto. Nuestro mundo de hoy necesita de ese testimonio, necesita unos testigos. Es lo que tenemos que ser nosotros. Pensemos, por ejemplo, cómo todo el mundo celebra navidad a su manera un año y otro año y sin embargo no se produce la transformación y salvación que Jesús viene a traernos. Sigue nuestro mundo igual con los mismos sufrimientos y sin esperanza. Esto tiene que dolernos.

¿No tendremos algo de culpa nosotros, los creyentes, porque no damos suficientemente el testimonio valiente de Jesús por nuestra vida, por el amor que repartimos, por la paz que llevamos a los demás, por el compromiso por hacer un mundo más justo? Tenemos que hacer presente ese año de gracia del Señor. Tenemos que hacer más presente a Jesús. Si sentimos esa preocupación y ponemos nuestra parte entonces estaremos en verdad preparando los caminos del Señor. Algo, es cierto, vamos haciendo, pero nuestro compromiso tendría que ser mayor.

Estamos esperando con fe la fiesta del nacimiento del Señor, como decíamos en la oración, que lleguemos a celebrar la Navidad, fiesta de gozo y salvación, con alegría desbordante, porque en verdad sintamos que el Señor nace en nosotros y un poquito más en el mundo que nos rodea.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Aqui puedes leer mas mensajes del Movimiento.

Administracion general y adjuntos

Pidamos la humildad

Oh Jesús! Manso y Humilde de Corazón,
escúchame:

del deseo de ser reconocido, líbrame Señor
del deseo de ser estimado, líbrame Señor
del deseo de ser amado, líbrame Señor
del deseo de ser ensalzado, ....
del deseo de ser alabado, ...
del deseo de ser preferido, .....
del deseo de ser consultado,
del deseo de ser aprobado,
del deseo de quedar bien,
del deseo de recibir honores,

del temor de ser criticado, líbrame Señor
del temor de ser juzgado, líbrame Señor
del temor de ser atacado, líbrame Señor
del temor de ser humillado, ...
del temor de ser despreciado, ...
del temor de ser señalado,
del temor de perder la fama,
del temor de ser reprendido,
del temor de ser calumniado,
del temor de ser olvidado,
del temor de ser ridiculizado,
del temor de la injusticia,
del temor de ser sospechado,

Jesús, concédeme la gracia de desear:
-que los demás sean más amados que yo,
-que los demás sean más estimados que yo,
-que en la opinión del mundo,
otros sean engrandecidos y yo humillado,
-que los demás sean preferidos
y yo abandonado,
-que los demás sean alabados
y yo menospreciado,
-que los demás sean elegidos
en vez de mí en todo,
-que los demás sean más santos que yo,
siendo que yo me santifique debidamente.

McNulty, Obispo de Paterson, N.J.

Tumba del Santo Padre Pio.

Tumba del Santo Padre Pio.
Alli rece por todos uds. Giovani Rotondo julio 2011

Rueguen por nosotros

Padre Celestial me abandono en tus manos. Soy feliz.


Cristo ten piedad de nosotros.

Mientras tengamos vida en la tierra estaremos a tiempo de reparar todos los errores y pecados que cometimos. No dejemos para mañana . Hoy podemos acercarnos a un sacerdote y reconciliarnos con Dios,

Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia dijo Jesus

Jesucristo Te adoramos por todos aquellos que no lo hacen . Amen

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