Que alegria amigo que entres a esta Casa .Deja tu huella aqui. Escribenos.

Se alegra el alma al saber que tu estas aqui, en nuestra casa de paz

Amigo de mi alma tengo un gran deseo en mi corazon Amar a Dios por todos aquellos que no lo hacen hoy. ¿Me ayudas con tus aportes de amor cada vez que entres aqui? dejanos tu palabra de bien, tu gesto amoroso hacia Dios y los hermanos.

Seamos santos. Dios nos quiere santos

Adri

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir mas ante el pecado.

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir  mas ante  el pecado.
Determinemonos en el deseo de llegar a ser santos.

Amigos que entran a esta Casa de Paz. Gracias por estar aqui. Clikea en seguir y unete a nosotros

lunes, 1 de noviembre de 2010

Seamos Santos Dios nos quiere Santos

Santidad es determinarse a dejar las carceles , esclavitudes , habitos,
apegos cotidianos del alma , de la mente y del cuerpo
y decidirnos a ser libres buscando el camino
hacia la perfeccion cristiana.
Santidad es alcanzar la divina inocencia, la divina pureza, la divina transparencia

Santidad es soltarse Dejar que mande Dios, que EL nos conduzca.
Santidad es dejarse despojar
Santidad es vaciarse
Santidad es libertad. Pura Libertad. Puro Amor. Pura Alegria.
amen
Seamos Santos DIOS NOS QUIERE CON EL

Santidad y amor

Adriana

Amigos como elegimos vivir el hoy ,asi sera nuestro cielo , o infierno del mañana

Amigos de la paz busquemos en todo momento lo bello, lo bueno
Evitemos la groseria, la irreverencia, la burla, los malos gestos, lo obsceno.
Ayudemos a los otros a dejar malos habitos que son eslavitudes

Cuidemos nuestra alma, nadie puede hacerlo por nosotros.


Como elegimos vivir el hoy asi sera nuestro cielo , o infierno del mañana.
Dios nos tiene preparado el REINO DE LOS CIELOS.
Ganemoslo con la determinacion de optar por el bien.

santidad y amor
Adriana



Deissyta dijo:
Cuanto más pecadores somos, tanto más ternura y compasión ella siente por nosotros. El hijo que más lágrimas le cuesta a su madre es quien está más cerca de su corazón. " Cura de Ars



domingo, 31 de octubre de 2010

Dios es glorificado en la asamblea de los Santos


Apoc. 7, 2-4.9-14;
Sal. 23;
1Jn. 3, 1-3;
Mt. 5, 1-12

‘A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles, la multitud admirable de los profetas, el blanco ejercito de los mártires; todos los santos y elegidos te proclaman a una sola voz, Santa Trinidad, único Dios… venid adoremos a Dios que es glorificado en la asamblea de los santos…’
Así nos invita la liturgia en sus diversas antífonas a adorar, alabar, bendecir y cantar la gloria de Dios. Hoy es la fiesta grande, la solemnidad de Todos los Santos. Esa muchedumbre inmensa que nadie podía contar de la que nos habla el libro del Apocalipsis cuando nos describe la liturgia celestial. Esa asamblea festiva a la que nosotros queremos unirnos también. Esa multitud admirable de los que ahora cantan eternamente la gloria de Dios, son intercesores nuestros que desde el cielo nos ayudan en nuestras necesidades y en nuestra debilidad, y son el más hermoso ejemplo y estímulo para los que aún peregrinamos en la tierra con ansias de cielo.
Es la Iglesia celestial, la Jerusalén celeste, la asamblea festiva de todos los santos que ya eternamente alaba al Señor en el cielo. Nosotros somos aún la iglesia peregrina, pero llena de esperanza, alegre y guiada por la fe aspira a formar parte un día de esa asamblea festiva del cielo. Esperanza que nos anima en nuestro caminar. Fe y esperanza que nos hace mirar hacia lo alto y nos ayuda a darle profunda trascendencia al camino que ahora hacemos por la vida. Fe y esperanza que nos hacen pregustar ya esa alegría del cielo aunque aún en este camino estemos rodeados de sufrimientos o nos sintamos tentados por el mal para abandonar el camino.
Es una fiesta hermosa a la que la Iglesia nos invita en este día. Pero es al mismo tiempo una invitación a que le demos tal sentido y profundidad a nuestra vida ahora que podamos aspirar a esos bienes del cielo, aspirar a participar un día de esa gloria del Señor. Por eso el contemplar esta asamblea festiva de todos los santos es para nosotros una invitación, un estímulo para que busquemos, tratemos de todos modos de vivir una vida santa. Que por la santidad con que ahora vivamos nuestra vida un día podamos contemplar a Dios y disfrutar de su gloria.
A esto nos conduce toda la Palabra de Dios que hoy se nos ha proclamado en esta fiesta de Todos los Santos. San Juan nos ha hablado del amor que Dios nos tiene tan grande que nos llama hijos, porque en realidad nos ha hecho hijos. ‘Somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que cuando se manifieste seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es’. Si nos detenemos un momento a considerar esto tan hermoso que nos está diciendo el apóstol, no podemos menos que dar gracias al Señor por la dignidad tan grande que nos ha concedido, pero aún más por la promesa que nos hace de que nos uniremos de tal manera a El que le podremos ‘ver tal cual es’. Si esa es nuestra meta, ¿cómo no vivir santamente?
¿En qué consiste ese camino de santidad que hemos de recorrer, que hemos de vivir? Podríamos decir sencillamente, parecernos a Jesús. No es otra cosa lo que tenemos que hacer sino vivir su vida, configurarnos con El. ¿No nos decía Pablo que su vivir era Cristo? Es lo que tenemos que hacer, copiar totalmente su vida en nosotros, meternos en El, como quien se mete en un molde, para que nuestro querer y nuestro vivir, nuestros sentimientos y nuestras actitudes, lo que hacemos o lo que pensamos no sea otra cosa sino reflejar a Cristo, vivir a Cristo.
¿Cómo podremos irnos impregnando de Cristo? El evangelio de hoy nos lo dice. Encarnar en nuestra vida el espíritu de las Bienaventuranzas. Recordemos que Jesús desde el inicio de su predicación nos invitaba a convertirnos a la Buena Noticia porque llegaba el Reino de Dios. Pues cuando nos proclama las Bienaventuranzas en el Sermón del Monte nos dirá que ‘de ellos es el Reino de los cielos’. Los que viven el espíritu de las bienaventuranzas están viviendo, están ya participando del Reino de los cielos.
Y nos dirá que ‘de los pobres de espíritu y los que lloran, de los que sufren o los que tienen hambre y sed de justicia, de los que obran con misericordia o son limpios de corazón, de los que trabajan por la paz y a los que incluso les toca sufrir todo tipo de persecución a causa de su nombre, de ellos es el Reino de los cielos’.
Pobres porque nada tenemos o de todo nos desprendemos en la generosidad del amor; sufridos porque el dolor y el sufrimiento nos puede aparecer en nuestra vida o porque somos capaces de compartirlo con los que sufren a nuestro lado de tal manera que hacemos nuestro su sufrimiento; lloramos porque tenemos ansias de más y de lo mejor no ya sólo para nosotros sino porque buscamos siempre lo bueno y lo justo para los otros para que sean siempre felices; buscamos el bien aunque sea con sufrimiento, llenamos nuestro corazón de compasión y misericordia y lo mantenemos siempre limpio de toda maldad; o vamos a padecer la incomprensión y hasta la persecución de aquellos que quizá no entiendan nuestra manera de vivir según el sentido y estilo del evangelio.
Por ahí va el espíritu de las bienaventuranzas. Y Jesús nos dice que así estamos construyendo el Reino de Dios y que no temamos porque no nos faltará consuelo, y paz, y misericordia, y gozo hondo en el alma que nos dará las mayores satisfacciones, y que un día, porque somos limpios de corazón, podremos ver a Dios.
Es el camino que hizo Jesús delante de nosotros. Es el camino de dicha y de felicidad al que El nos invita. Es el camino que podremos hacer sin decaer ni desanimarnos porque le sentiremos a El siempre a nuestro lado. Es el camino que haremos gozosos, aunque broten lágrimas en ocasiones de nuestros ojos, pero que en la trascendencia que le damos a nuestra vida, sabemos que un día podemos vivirlo todo en plenitud junto a Dios. Si no tuviéramos esa esperanza y no le diéramos esa trascendencia a nuestra vida quizá no seríamos capaces de hacerlo.
Es el camino de santidad al que hoy nos está invitando esta fiesta de Todos los Santos. En ellos nos sentimos estimulados y ellos desde el cielo son intercesores de gracia para nosotros. ‘Concédenos, por esta multitud de intercesores, la deseada abundancia de tu misericordia y tu perdón’, pedíamos en la oración litúrgica. Y en la oración de las ofrendas vamos a pedir ‘que sintamos interceder por nuestra salvación a todos aquellos que ya gozan de la gloria de la inmortalidad’.
Que en ese sentido vaya siempre la oración que hacemos a los santos para que intercedan por nosotros. Algunas veces parece que no hemos llegado a entender bien lo que tiene que ser esa intercesión que de ellos deseamos. Nos preocupamos de pedirles principalmente por nuestras necesidades materiales pero le pedimos poco para que nos alcancen la gracia del Señor para ser nosotros cada día más santos, que tiene que ser siempre lo más importante de nuestra vida. Les pedimos a ellos como si fueran los poderosos y algunas veces pareciera que los hacemos dioses que nos tienen que conceder lo que necesitamos, y nos olvidamos de que ellos sólo son unos intercesores por nosotros ante el Señor. Y no olvidemos que son intercesores, sí, pero son modelos y ejemplo para nosotros de esa santidad a la que estamos llamados y que tenemos que aprender a ver reflejada en sus vidas.
Como pediremos en la última oración de la Eucaristía que ‘realizando nuestra santidad por la participación en la plenitud de tu amor, pasemos de esta mesa de la Iglesia peregrina al banquete del Reino de los cielos’.

sábado, 30 de octubre de 2010

Zaqueo, un hombre que se dejó posesionar por Cristo


Sab. 11, 22-12,2;
Sal. 144;
2Ts. 1, 11-2,2;
Lc. 19, 1-10


¿Podremos decir al final de la celebración también ‘hoy ha llegado la salvación a esta casa, a nosotros’? Es que una primera cosa que hemos de tener en cuenta es que no somos meros espectadores de la Palabra que se nos proclama en la celebración. Es una Palabra que se mete en nosotros para hacernos actores de ese camino de salvación recibiendo y haciendo que actúe en nosotros esa gracia de Dios que nos transforma desde lo más hondo.
‘Entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo… trataba de distinguir quién era Jesús…’ Quería conocer a Jesús. Entre el alboroto de la gente, de los que salían al encuentro a la llegada de Jesús y de los que lo acompañaban no había manera de distinguir a Jesús. Eran muchas las cosas que concurrían. Estaba también su condición. ‘Era jefe de publicanos y rico’, por una parte que ya lo condicionaba en la consideración de sus vecinos. Y ‘era bajo de estatura’, por otro lado y seguro que con el desprecio de sus conciudadanos nadie le haría un hueco para que pudiera ver a Jesús. A los pequeños los suelen dejar poner delante, pero su pequeñez de estatura era otra.
Vayámonos poniendo nosotros en su situación. El tenía varias cosas en contra a pesar de sus deseos y de su curiosidad por ver y conocer a Jesús, aunque sólo fuera de lejos. ¿Eran sólo condicionamientos externos de las apreturas de la gente o de su baja estatura? Podemos pensar que era algo más. ‘Era jefe de publicanos y rico’, ya hemos dicho; su profesión de recaudador de impuestos no sólo le hacía despreciable ante de los judíos por su actitud de un colaboracionista sino porque eso además le daba ocasión para hacer sus manejos y enriquecerse a costa de los demás. Su baja estatura no era sólo lo físico sino la bajeza en que había vivido su vida. Luego lo reconocería.
Aunque quería conocer a Jesús pero seguía habiendo apegos en su corazón, actitudes negativas que eran impedimentos importantes, barreras que se interponían. ¿No nos pasará a nosotros de alguna manera de forma semejante? Decimos que somos creyentes y cristianos y que queremos también conocer a Jesús, pero cuántas barreras hay en nuestra vida. Porque también nos cuesta arrancarnos de muchos apegos del corazón.
Sin embargo Zaqueo dio un paso importante. Ahora sí. Sin importarle respetos humanos se fue más adelante en el camino ‘y se subió a una higuera para verlo, porque Jesús tenía que pasar por allí’. ¿Qué seremos capaces nosotros de hacer con toda sinceridad para conocer a Jesús? ¿Nos podrán quizá los respetos humanos para decir que creemos en El y somos cristianos? Como se dice ahora ¿manifestarnos por Jesús será algo políticamente incorrecto? Así andamos hoy en la sociedad en la que vivimos. ¿Agradará o no agradará a los que nos rodean lo que nosotros hagamos manifestándonos como creyentes y, por ejemplo, defensores de la vida?
Lo que no esperaba Zaqueo era que Jesús se iba a detener justo frente a la higuera en la que estaba subido, y le iba a mirar, y le iba a hablar, y se iba a auto-invitar a su casa. ‘Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa’. No salía de su asombro. Allí estaba Jesús a quien El quería conocer, pero Jesús quería ir a alojarse a su casa, la casa de un pecador.
Pero Jesús es el pastor que busca la oveja perdida, o es el rostro de ese Padre misericordioso que corre al encuentro de hijo que vuelve después de haberse marchado de casa. Jesús es el que se goza con los humildes porque para ellos es la salvación. Es el que ‘se compadece de todos y cierra los ojos a los pecados de los hombre para que se arrepientan’, como había anunciado el libro de la Sabiduría. ‘A todos perdonas, Señor, amigo de la vida’.
Zaqueo había ya dado un paso de humildad en su deseo de conocer a Jesús, y fue ese paso el que le abrió las puertas a ese camino de conversión y salvación. Se había subido a la higuera en su deseo de conocer a Jesús. ¿Qué pasos estaríamos nosotros dispuestos a dar? Recorramos caminos de humildad y de reconocimiento de nuestra pequeñez, de nuestra pobreza a pesar de que nos creamos ricos en otras cosas para ir hacia Jesús, que, estemos seguros, El nos saldrá al encuentro y querrá también venir a hospedarse en nuestra casa, en nuestro corazón y nuestra vida.
‘Zaqueo bajó enseguida y lo recibió muy contento en su casa’. No esperó para después cuando pasara aquel barullo. No importaba que los demás murmuran porque Jesús había ido a su casa. El estaba lleno de alegría. Algo nuevo podía suceder. Aquella mirada de Jesús, aquel detenerse para llamarlo por su nombre fue algo que le llegó muy dentro. La gracia del Señor cuando nos abrimos a ella nos llega también muy dentro. Zaqueo cambió totalmente. ‘La mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más’.
Ya Zaqueo comenzaba a ver la vida con otra mirada. La mirada de Jesús había transformado su mirada, sus actitudes, todo lo que hacía, todo lo que era su vida. Si antes sólo había pensado en sí mismo, en sus ganancias y en sus riquezas fuera como fuera la manera de adquirirlas, ahora ya todo sería distinto. Comenzaba a mirar todo de otro manera y comenzaba a compartir. ‘La mitad de mis bienes’ para los pobres. Pero era también un actuar en justicia, pero una justicia llena también de generosidad y desprendimiento. ‘Le restituiré,,,’ No era sólo devolver en justicia de lo que se había apoderado, sino ‘cuatro veces más’. Zaqueo se dejó posesionar por el Señor.
‘Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán’. Con Jesús llegó la vida y la salvación. ‘El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido’. El pastor que busca la oveja perdida, la mujer que barre la casa para encontrar la moneda preciosa que se había extraviado, el padre que corre al encuentro del hijo perdido que vuelve y para el que celebra una fiesta y un banquete. Ya lo había ido enseñando Jesús en el evangelio.
Pero sigamos nosotros estando en ese lugar. También a nosotros Jesús nos ha dirigido su mirada, nos llama por nuestro nombre y se invita a venir a nuestra casa y a nuestra vida. Aquí ahora, en presencia del Señor, que es lo que nosotros vamos a decir, que es lo que vamos a hacer con nuestra vida. Eso ya no depende de lo que yo te diga o te haga reflexionar, sino de lo que tú sientas en tu interior dejando que llegue a lo más hondo de ti esa mirada de Jesús.
Que tu mirada sobre tu vida, sobre la vida, sobre las cosas, sobre tus comportamientos y tu trato y relación con los demás, sobre todo lo que es tu realidad y lo que te rodea, sea ya una mirada distinta; unas actitudes nuevas tienen que brotar; unos compromisos serios y generosos tienen que surgir dentro de nosotros; unas decisiones importantes tenemos que tomar en la presencia del Señor.
Que podamos decir también al final: hoy ha llegado la salvación a mi vida porque como Zaqueo me he encontrado frente a frente con el Señor y El ha tomado posesión de mi vida.

viernes, 29 de octubre de 2010

Cuidemos el uso de la palabra


Las palabras tienen poder para sanar y destruir.
Cada palabra que emitimos es energia pura, la palabra es un sacramental vivo
Podemos bendecir con ella, alabar, agradecer, dar testimonio, dar amor, luz a los otros
Si la usamos mal ,hacemos daño al otro y a nosotros mismos.
RENUNCIEMOS AL MAL USO DE LA PALABRA, es mejor callar que hablar mal
Es mejor el silencio si nada hay para decir.
Renunciemos a la palabra agresiva, violenta con determinacion
RENUNCIEMOS EL MAL USO DE LA PALABRA,
Cuidemos la Palabra dada.
Evitemos vulgaridades, malos modos, agresiones verbales
Donemos palabras llenas de bondad, de alegria y de esperanza a los hermanos.
Regalemos palabras de aliento y animo a los afligidos
Obsequiemos palabras llenas de misericordia y piedad.

Adriana

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Administracion general y adjuntos

Pidamos la humildad

Oh Jesús! Manso y Humilde de Corazón,
escúchame:

del deseo de ser reconocido, líbrame Señor
del deseo de ser estimado, líbrame Señor
del deseo de ser amado, líbrame Señor
del deseo de ser ensalzado, ....
del deseo de ser alabado, ...
del deseo de ser preferido, .....
del deseo de ser consultado,
del deseo de ser aprobado,
del deseo de quedar bien,
del deseo de recibir honores,

del temor de ser criticado, líbrame Señor
del temor de ser juzgado, líbrame Señor
del temor de ser atacado, líbrame Señor
del temor de ser humillado, ...
del temor de ser despreciado, ...
del temor de ser señalado,
del temor de perder la fama,
del temor de ser reprendido,
del temor de ser calumniado,
del temor de ser olvidado,
del temor de ser ridiculizado,
del temor de la injusticia,
del temor de ser sospechado,

Jesús, concédeme la gracia de desear:
-que los demás sean más amados que yo,
-que los demás sean más estimados que yo,
-que en la opinión del mundo,
otros sean engrandecidos y yo humillado,
-que los demás sean preferidos
y yo abandonado,
-que los demás sean alabados
y yo menospreciado,
-que los demás sean elegidos
en vez de mí en todo,
-que los demás sean más santos que yo,
siendo que yo me santifique debidamente.

McNulty, Obispo de Paterson, N.J.

Tumba del Santo Padre Pio.

Tumba del Santo Padre Pio.
Alli rece por todos uds. Giovani Rotondo julio 2011

Rueguen por nosotros

Padre Celestial me abandono en tus manos. Soy feliz.


Cristo ten piedad de nosotros.

Mientras tengamos vida en la tierra estaremos a tiempo de reparar todos los errores y pecados que cometimos. No dejemos para mañana . Hoy podemos acercarnos a un sacerdote y reconciliarnos con Dios,

Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia dijo Jesus

Jesucristo Te adoramos por todos aquellos que no lo hacen . Amen

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