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Amigo de mi alma tengo un gran deseo en mi corazon Amar a Dios por todos aquellos que no lo hacen hoy. ¿Me ayudas con tus aportes de amor cada vez que entres aqui? dejanos tu palabra de bien, tu gesto amoroso hacia Dios y los hermanos.

Seamos santos. Dios nos quiere santos

Adri

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir mas ante el pecado.

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir  mas ante  el pecado.
Determinemonos en el deseo de llegar a ser santos.

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sábado, 12 de marzo de 2011

Cristo sale victorioso para guiarnos a vencer las seducciones del mal



Gén. 2, 7-9; 3, 1-7;

Sal. 50;

Rom. 5, 12-19;

Mt. 4, 1-11

Es meta de la vida del cristiano de cada día. Ahora en este tiempo, sin embargo queremos intensificarlo. La cuaresma con como unos grandes ejercicios espirituales que se prolongan durante cinco semanas con la prolongación de la semana de la pasión que nos ayudan a prepararnos para vivir con toda intensidad el misterio pascual de Cristo. Por eso hoy hemos pedido, nada más comenzar nuestra celebración, ‘avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en plenitud’.

Necesitamos conocer cada día más y mejor todo lo que representa el misterio de Cristo, su vida, su evangelio, el Reino nuevo de Dios que nos anuncia, su entrega, su pascua. Conocerlo que no es sólo conocer cosas – muchas cosas sabemos de Cristo y hemos ido aprendiendo con el paso de los años – sino empaparnos de Cristo, de su vida, de su amor. Por eso no nos quedamos en la inteligencia sino que tenemos que ir a más, a ‘vivirlo en plenitud’, a hacerlo vida de nuestra vida.

Todo esto lo sabemos. No es una novedad para nosotros. Sin embargo, hemos de recibilo como una Buena Nueva, una buena y nueva noticia de la que tenemos que dejarnos cautivar. Porque la rutina de los días hace que muchas veces nos enfriemos, perdamos intensidad y lleguemos a no darle toda la importancia que tiene para nuestra vida. No nos podemos cansar de considerar, meditar, rumiar todo lo que Cristo hace por nosotros, todo lo que Cristo nos da. Porque enfrente tenemos muchas tentaciones que nos distraen y nos pueden alejar.

Por eso la Iglesia, en su sabiduría, nos propone en la liturgia de este primer domingo de Cuaresma, en este como primer paso que damos en la consideración del Misterio de Cristo que nos conduzca a vivir el Misterio Pascual, el episodio de las tentaciones de Jesús en el desierto en el comienzo de su vida pública.

Quizá fuera bueno que enmarcaramos bien este episodio dentro de relato del evangelio. Jesús al someterse al bautismo de Juan en el Jordán había escuchado la voz del Padre que desde el cielo le proclamaba Hijo de Dios. ‘Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto…’ Y a continuación se había ido al desierto. ‘Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu…’ Cuarenta días, a imagen de los cuarenta años del pueblo de Israel por el desierto, para el silencio, para la oración, para el ayuno. Cuarenta días para saborear en el silencio del desierto esa voz que desde el cielo le llamaba Hijo de Dios. Así tenía que manifestarse Jesús ante los hombre, como el Hijo de Dios que venía a traernos la salvación.

Jesús es verdadero Dios, pero al mismo tiempo es verdadero hombre. Sentía en su corazón el gozo infinito, el amor infinito que desborda de la Trinidad Divina, y sentía la misión que había de realizar manifestándose a los hombres en su cuerpo humano como verdadero hombre que era. ¿Cómo había de realizar aquella misión? ¿Cómo había de manifestarse Cristo en medio de los hombres y mujeres a los que venía a ofrecer la salvación?

Allí estaba el diablo tentador, como está siempre junto a nosotros también para alejarnos del verdadero camino confundiendo nuestra mente y nuestro corazón. El ayuno había sido prolongado. Jesús tenía hambre. ‘Eres el Hijo de Dios… convierte estas piedras en pan…’ Puedes hacer milagros, tienes todo el poder divino en tus manos. ¿Por qué vas a pasar hambre? ¿Por qué no eres tú mismo el primer beneficiado de tu poder? Pero ‘no solo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios’, es la respuesta de Jesús al tentador.

No es lo material lo más importante. No es eso lo que tiene que prevalecer en la vida, aunque estemos rodeados de cosas materiales y las tengamos cada día en nuestras manos. Hay algo más alto, más grande, más importante. Escuchemos a Dios, es el verdadero alimento que nos hace aspirar a cosas grandes, que elevará nuestro espíritu para lo que en verdad merece la pena en la vida. Y la capacidad que Dios ha puesto en tí no es sólo para ti, piensa en los demás, piensa en lo que verdaderamente tienes que repartir.

El tentador sigue acosando. Eres el Hijo de Dios, al que los hombres han de escuchar. ¿Cómo te van a conocer? ¿cómo sabrán que Dios está contigo? ¿Cómo se van a sentir atraidos por ese Reino nuevo que vas a anunciar? ‘Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo, y le dice: Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras…’ Con un milagro así, sería reconocido Jesús por todos. ¿Sería esa la forma de darse a conocer?

‘No tentarás al Señor, tu Dios’. Un día enseñaría a sus discípulos que no había que buscar grandezas humanas y que el verdaderamente importante sería el que fuera capaz de hacerse el último y el servidor de todos. Y su grandeza la vamos a descubrir en su entrega hasta la muerte. Es el Hijo de Dios, pero se rebajó y se hizo el último y el esclavo de todos para por todos entregar su vida en la muerte en la cruz. Y entonces podremos aclamarle, ¡es el Señor!

‘Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole todos los reinos del mundo y su gloria, le dice: todo esto te daré, si te postras y me adoras…’ Eres el Hijo de Dios, vienes a anunciar un reino nuevo, yo te daré un reino, ‘todo esto te daré… si me adoras’. ¿Cómo se va a instaurar el Reino de Dios? ¿Cómo lo va a anunciar Jesús? No es el reino del mundo, es el Reino de Dios. Es de otra manera el Reino de Dios, porque no es como los reinos de este mundo. ‘Al Señor, tu Dios, adorarás, y sólo a El darás culto… así está escrito’.

No podemos servir a dos señores; no podemos adorar a Dios y al dinero, a Dios y a los deseos de poder, a Dios y a buscar grandezas o reconocimientos humanos, a Dios y a nuestros lujos y vanidades. Nada puede ocupar el lugar de Dios. Nosotros tampoco podemos convertirnos en dioses de nosotros mismos. ‘Seréis como dios’, le decía la serpiente cautivadora a Eva para tentarla. Y como Adán y como Eva caemos tantas veces en esas idolatrías. Es la tentación que de una manera u otra nosotros seguimos sintiendo en nuestro corazón.

Pero Jesús va delante de nosotros abriéndonos camino, enseñándonos cuál es el verdadero camino, cómo tenemos que superar y vencer la tentación. Como diremos en el prefacio: ‘Al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal, y al rechazar las tentaciones del enemigo nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado…’

La victoria de Cristo sobre el maligno nos abre también a nosotros la puerta de nuestra victoria. Con nosotros está su gracia, su fuerza. La luz de Cristo en su Palabra sobre nosotros nos hace ver nuestra propia condición pecadora, nuestra fragilidad, y las tentaciones a las que el enemigo quiere someternos, pero para que aprendamos a sentir la fortaleza de la gracia con la que el Señor nos acompaña. ‘Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal’, nos dice el Papa en su mensaje cuaresmal.

Caminemos con sinceridad este camino de cuaresma dejándonos iluminar por la Palabra del Señor y así podremos llegar a celebrar el misterio de la Pascua como anticipo y prenda de la Pascua que no se acaba que un día celebraremos en la gloria del cielo, viviendo en plenitud el Misterio de Dios.

martes, 8 de marzo de 2011

La cuaresma, camino de purificación en el espíritu nos lleva a la Santa Pascua



Joel, 2, 12-18;

Sal. 50;

2Cor. 3, 20-6, 2;

Mt. 6, 1-6.16-18

Hoy es miércoles de ceniza. No descubro nada nuevo. Iniciamos la cuaresma, cuarenta días que nos conducen a la celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Decir miércoles de ceniza nos recuerda un rito, el de la imposición de la ceniza, y otros muchos signos externos nos están diciendo que comenzamos un tiempo litúrgico nuevo: el color de los ornamentos litúrgicos, la ausencia de ornamentación floral en torno al altar, la ausencia del aleluya o el himno del gloria en la celebración litúrgica... Pero, ¿sólo eso nos hará la Cuaresma?

Nos conviene detenernos un momento y hacernos una reflexión que nos ayude a comprender mejor su sentido y nos impulse a vivir este tiempo de gracia. Ya nos lo ha dicho la Palabra de Dios proclamada. ‘Ahora es el tiempo de la gracia; ahora es el día de la salvación’, que nos decía san Pablo en la carta a los Corintios. Pero también el profeta nos ha convocado al sonido de la trompeta para que nos congreguemos en este tiempo y escuchemos la invitación que de parte del Señor nos hace a la conversión.

Quiero centrarme en esta reflexión en el mensaje del papa Benedicto XVI para esta Cuaresma que nos ha recordado: ‘La Cuaresma, que nos lleva a la celebración de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgico muy valioso e importante… que lo vivamos con el debido compromiso. La Comunidad eclesial, asidua en la oración y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificación en el espíritu, para obtener con más abundancia del Misterio de la redención la vida nueva en Cristo Señor (cf. Prefacio I de Cuaresma)’.

Intensificamos, sí, ese camino de purificación y lo hacemos recordando nuestro Bautismo. Es algo que a través de todo el camino cuaresmal iremos recordando porque en cierto modo la cuaresma viene a ser como una gran catequesis bautismal. ‘Un nexo particular vincula al Bautismo con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la Gracia que salva’, nos dice el Papa en su mensaje. ‘El Bautismo, por tanto, es el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo’.

Por eso nos dirá a continuación: ‘Los Padres del Concilio Vaticano II exhortaron a todos los Pastores de la Iglesia a utilizar «con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal» (Sacrosanctum Concilium, 109). En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo: en este Sacramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cf. Rm 8, 11). Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda su existencia’.

Vamos, pues, a tener muy presente el Bautismo a través de todo este tiempo cuaresmal y así podremos llegar a la noche de la Vigilia Pascual bien preparados para hacer la renovación de nuestro bautismo, de nuestras promesas bautismales. La Palabra del Señor nos irá guiando día a día en nuestra celebración. Sobre ella reflexionaremos para irla plantando de verdad en nuestro corazón.

Pero yo diría que no se puede quedar ahí la escucha de la Palabra, sino que tendríamos que saber sacar otros momentos del día para volver a encontrarnos con ella, para que nos sirva para intensificar nuestra oración personal en un encuentro vivo con el Señor. Que sepamos tener a mano la Biblia, el Evangelio para esos momentos de lectura y reflexión personal. Sería un buen propósito que nos hiciéramos en este primer día de Cuaresma el procurarnos esa Biblia o esos Evangelios para nuestra lectura y meditación.

Nos hablaba el Papa de ese camino de purificación en el espíritu. Desde esa reflexión orante que vamos haciendo de la Palabra del Señor iremos descubriendo de todo aquello de lo que tenemos que arrancarnos para alejar de nosotros el pecado para siempre. Nos exigirá esfuerzo y dominio de nosotros mismos con la gracia del Señor. Por eso seremos capaces de ofrecerle ese sacrificio del corazón, esos sacrificios en renuncias a cosas buenas incluso para así sentir mejor la fuerza de la gracia del Señor que nos ayude en esa purificación.

Cuando hablamos de cuaresma solemos hablar de sacrificios, de ayunos, de abstinencias, de compartir lo que tenemos con el hermano necesitado. Un espíritu penitencial, decimos. Podremos o no podremos hacer ayunos o abstinencias quizá dispensados por los años o por otras razones, pero eso no significa que no podamos ofrecer esa renuncia o sacrificio quizá en otras cosas de las que sí podemos privarnos sin quebranto para nuestra salud. Un cafecito de menos, por ejemplo, que nos tomemos al día, unas horas menos de televisión, un control en conversaciones ociosas o quizá que pudieran ser hirientes para los demás… cosas si queremos encontramos donde podamos ofrecerle un sacrificio al Señor. Y sobre todo el compartir, el prestar un servicio, el tender una mano para ayudar a otras personas saliéndonos de nuestros egoísmos individualistas. Oportunidades tenemos de hacerlo si queremos.

No lo vamos a hacer por apariencias ni vanidades. Ya nos previene Jesús en el Evangelio. Vamos a hacerlo desde lo más profundo de nuestro corazón. No importa que nadie lo note o lo vea. Como nos dice Jesús ‘tu Padre que ve en lo escondido te lo pagará, re recompensará’.

Vamos a dejar que caiga la ceniza sobre nuestra frente escuchando en las palabras del Sacerdote esa invitación del Señor que nos recuerda lo poca cosa que somos, ¿unas cenizas?, pero sobre todo la invitación a cambiar nuestra vida para vivir más intensamente según el evangelio de Jesús. Que este momento de la imposición de la ceniza lo vivamos con intensidad sintiendo, repito, esa llamada del Señor en nuestro corazón.

No nos quedaremos en cosas externas. Los signos de la liturgia tienen que ayudarnos a darle esa profundidad y esa intensidad. Toda la celebración tiene que ser esa llamada del Señor, como escuchábamos en el profeta. Nos sentimos congregados en el Señor para ser por El santificados. Dejemos que esa gracia santificadora llegue a nuestra alma. Como nos decia san Pablo: ‘Os lo pedimos por Cristo: dejaos reconciliar con Dios… os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios’.

lunes, 7 de marzo de 2011

Amigos los sabados saldra al aire por radio El corazon morada de Dios. Oracion y Silencio interior

Amigos de la paz los invito los dias sabados a las 15 hs Argentina.
www.radiofelatina.net

El programa se llama: El corazon morada de Dios. Oracion y Silencio interior.
Me contacto un  locutor de la radio www.radiofelatina.net  ofreciendome el espacio en la radio.
Los espero a todos con amor. Ojala podamos comunicarnos y asi conocernos mas y profundizar en el Amor a Dios, y todo lo que quieran compartir. Los espero con sus mensajes y propuestas a traves del facebook, msn, y si alguien quiere salir al aire en la radio debe bajar el programa spyke y agregarme psicologaadrianataccone.
España las 19:00
Buenos aires : 15:00
Puerto Rico : 14:00
Caracas : 14:00
Bogotá: 13:00
Lima:13:00
Santiago: 14:00
Sao paulo:15:00
Rio de janeiro:15;00
Mexico:12:00
Bolivia : 13.00


un abrazo

sábado, 19 de febrero de 2011

La sublimidad del amor para perdonar, para amar e. incluso, orar por todos



Lev. 19, 1-2.17-18;

Sal. 102;

1Cor. 3, 16-23;

Mt. 5, 38-48

‘Yo soy amigo de mis amigos’ es una frase que escuchamos decir en muchas ocasiones a quienes quieren expresarnos su bondad o buena voluntad. ‘Yo ayudo al que me ayuda… soy bueno con los que son buenos conmigo…’ solemos decir también. Está bien quizá para definirnos en los perfiles de las redes sociales cibernéticas, pero si lo tratamos de entender a la luz del evangelio que hoy hemos escuchado nos damos cuenta de que nos quedamos pobres.

Con ser ya algo bueno todo eso que expresamos el amor cristiano es algo mucho más sublime. Como nos dirá Jesús ‘si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario?’ Eso lo hace cualquiera. La meta y el ideal que nos propone Jesús es bien alto. Ya nos había dicho el Levítico ‘Sed santos, porque yo, el Señor, soy santo’. Ahora nos dice Jesús: ‘sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto’. Lucas en su evangelio por su parte nos dice: ‘Sed misericordiosos, compasivos como vuestro Padre es compasivo’.

Y ¿qué es lo que hemos dicho en el salmo? ‘El Señor es compasivo y misericordioso’. El Dios del amor y de la misericordia es nuestro modelo. El Dios que siempre nos está manifestando su amor y su misericordia es el que llenará también nuestro corazón de amor y de misericordia.

Claro que en la cabeza quizá podemos tenerlo muy claro, pero en el día a día de nuestra vida cuando nos vamos encontrando y conviviendo con los que nos rodean, familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, gente con la que nos vamos tropezando por la calle o en nuestra vida social, ya nos costará más. Cuando le ponemos rostro a ese amor, cuando le ponemos nombre y apellidos a las personas a las que tenemos que amar, cuando las contemplamos con sus luces o con sus sombras hay que hacer un esfuerzo para vivir un amor como el que nos enseña Jesús.

Nos habla Jesús de quienes nos ofenden o hacen daño, de aquellos que quizá nos caen mal o son exigentes con nosotros y nos reclaman, o de aquellos a los que podríamos considerar enemigos y nos pone la antítesis de lo que habitualmente hacemos y de lo que quiere El que aprendamos a hacer. ‘Habéis oído que se dijo… yo, en cambio, os digo…’ ¡Con qué autoridad nos habla Jesús! Puede hacerlo. Es nuestro Maestro. Es el Verbo de Dios, la Palabra de Dios.

‘No hagáis frente al que os agravia…’ Es una nueva manera de hacer las cosas. Es la respuesta del amor a la violencia. Es la respuesta de la generosidad frente a la exigencia y al egoísmo. Es la respuesta de la concordia frente al que quiere dividir o enfrentar. Es la respuesta del amor y del perdón a la venganza o al resentimiento. Desarmemos las armas de la violencia, del egoismo, de la división o de la venganza con el bálsamo del amor, de la generosidad y del perdón.

Rompe Jesús la ley del talión para sembrar en nosotros unas actitudes nuevas de amor, generosidad, misericordia y compasión. Aunque solemos considerar la ley del talión como una concesión a una venganza sin límites que aparentemente me diera derecho en la venganza a hacer todo el daño posible a quien me haya tratado mal, realmente la ley del talión, entendámoslo bien, ya era en sí una limitación a esa venganza ilimitada, porque en justicia sólo se podría hacer daño al otro en la misma medida en que me haya hecho daño a mí. De ahí lo del ‘ojo por ojo y diente por diente’. Pero Jesús quiere romper totalmente esa espiral de venganza justiciera y de violencia, poniéndonos en camino de otras actitudes de misericordia, compasión y perdón, nacidas de un amor verdadero.

‘Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen…’ No cabe en el camino del Reino el odio y el rechazo del otro porque no sea del grupo de los amigos o de los que piensen o actúen como yo. El amor ha de tener una categoría universal y nadie puede quedar excluído. Y si aún te cuesta amar al otro cuando le has puesto nombre y puede resultar ser un enemigo o contrincante, reza por él. Cuando se sea capaz de rezar por el otro aunque no sea de mis amigos, o incluso de mis enemigos, ya estaré comenzando a ponerle en mi corazón y al final terminaré amándole. Claro que cuando entramos en estas categorías del amor se están comenzando a desaparecer las listas de los considerados como enemigos, porque a quien se ama nunca se le podrá ya considerar como un enemigo.

Y es que hay una razón muy poderosa. Esas personas están en el corazón de Dios, son amados de Dios, porque Dios ama a todos, ¿por qué no les voy a amar yo también? Intentemos, pues, irlos poniendo en nuestro corazón, en nuestras entrañas, siendo capaces de ponerles en nuestra oración, y así llegaremos amar también entrañablemente como nos ama Dios. ‘Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos’.

Son las sublimidades del amor cristiano, de un amor al estilo del amor de Jesús. Es así el amor que Dios nos tiene. Es así la ternura de Dios, de un Dios que nos ama desde lo más hondo de sus entrañas, nos ama entrañablemente. ‘El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas… como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles’. Así hemos rezado en el salmo. Que no sean solo unas palabras que hayamos dicho, sino que sea algo que tengamos bien anclado en nuestra vida.

Es lo que recordamos al principio y nos decía Jesús. ‘¿Qué hacéis de extraordinario? ¿Qué premio tendréis si solo amáis a los que os aman…’ De ahí esa invitación de Jesús que nos hace entrar en un camino de mayor perfección y santidad, que es entrar en un camino de mayor amor, de más misericordia y compasión. ‘Seréis santos, porque yo, el Señor, soy santo… y no odiarás sino amarás, no guardarás rencor sino que al menos amarás a tu hermano como a ti mismo’, como decía el Levítico.

Aunque Jesús, cuando nos propone ese camino de perfección como la del Padre del cielo, nos llegará a decir que tenemos que amar como El nos ha amado. Y entonces sí entenderemos toda esa sublimidad del amor que nos pide Jesús. Es que no vamos a hacer otra cosa que amar con su amor. Será su Espíritu en nosotros quien nos dé fuerza y haga posible en nosotros un amor así

Aqui puedes leer mas mensajes del Movimiento.

Administracion general y adjuntos

Pidamos la humildad

Oh Jesús! Manso y Humilde de Corazón,
escúchame:

del deseo de ser reconocido, líbrame Señor
del deseo de ser estimado, líbrame Señor
del deseo de ser amado, líbrame Señor
del deseo de ser ensalzado, ....
del deseo de ser alabado, ...
del deseo de ser preferido, .....
del deseo de ser consultado,
del deseo de ser aprobado,
del deseo de quedar bien,
del deseo de recibir honores,

del temor de ser criticado, líbrame Señor
del temor de ser juzgado, líbrame Señor
del temor de ser atacado, líbrame Señor
del temor de ser humillado, ...
del temor de ser despreciado, ...
del temor de ser señalado,
del temor de perder la fama,
del temor de ser reprendido,
del temor de ser calumniado,
del temor de ser olvidado,
del temor de ser ridiculizado,
del temor de la injusticia,
del temor de ser sospechado,

Jesús, concédeme la gracia de desear:
-que los demás sean más amados que yo,
-que los demás sean más estimados que yo,
-que en la opinión del mundo,
otros sean engrandecidos y yo humillado,
-que los demás sean preferidos
y yo abandonado,
-que los demás sean alabados
y yo menospreciado,
-que los demás sean elegidos
en vez de mí en todo,
-que los demás sean más santos que yo,
siendo que yo me santifique debidamente.

McNulty, Obispo de Paterson, N.J.

Tumba del Santo Padre Pio.

Tumba del Santo Padre Pio.
Alli rece por todos uds. Giovani Rotondo julio 2011

Rueguen por nosotros

Padre Celestial me abandono en tus manos. Soy feliz.


Cristo ten piedad de nosotros.

Mientras tengamos vida en la tierra estaremos a tiempo de reparar todos los errores y pecados que cometimos. No dejemos para mañana . Hoy podemos acercarnos a un sacerdote y reconciliarnos con Dios,

Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia dijo Jesus

Jesucristo Te adoramos por todos aquellos que no lo hacen . Amen

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