Núm. 6, 22-27;
Que alegria amigo que entres a esta Casa .Deja tu huella aqui. Escribenos.
Amigo de mi alma tengo un gran deseo en mi corazon Amar a Dios por todos aquellos que no lo hacen hoy. ¿Me ayudas con tus aportes de amor cada vez que entres aqui? dejanos tu palabra de bien, tu gesto amoroso hacia Dios y los hermanos.
Seamos santos. Dios nos quiere santos
Adri
Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir mas ante el pecado.
Amigos que entran a esta Casa de Paz. Gracias por estar aqui. Clikea en seguir y unete a nosotros
viernes, 30 de diciembre de 2011
Nos encontramos con María y celebramos a la Madre de Dios
Núm. 6, 22-27;
jueves, 29 de diciembre de 2011
Creo

Creo que si la siembra fue Amor aun cuando el mal quiera nublar el bien, Dios que ve en lo secreto ve el Amor.
Creo en la santidad
Creo que el bien triunfa
Creo en la transformación del mal por el bien
Aun cuando todo parezca un aparente fracaso
CREO
Creo que es posible recuperar lo SAGRADO
Creo que DIOS pone en el corazon deseos realizables, aquello que ya nos fue dado desde el primer dia que nos creo.
Creo firmemente en la osadia y la valentia mistica, en el goce de la contemplacion
Creo en el despojo y en el vaciarse como inicio de un renacer
Creo en la palabra como gracia y en el silencio profundo del AMOR
Creo que somos eternos aprendices
Creo en la espontaneidad del asombro adoratriz
Creo en DIOS CREADOR
Creo en el Hijo Redentor
Creo en el Espiritu SANTO DEL AMOR
Aletheia
Pido la divina inocencia, la pureza,la humildad .
Solo los puros de corazón verán a Dios.
Adriana
Hoy viernes hacemos reparacion y desagravio por los ultrajes a CRISTO y su Iglesia.
¿Qué es reparar? Reparar es consolar el Corazón de Cristo y compensarle por los ultrajes que recibe constantemente y encima pedir misericordia por la persona o personas que le ofenden. El amor de reparación es semejante al que nos tiene Jesucristo que fue el Gran Reparador.
El Padre Eterno ama inmensamente a las almas reparadoras en las que ve un calco de su Unigénito. Estas almas sólo piensan en consolar a Jesús y lo quieren por puro amor. Se puede decir que es el amor perfecto hacia Dios.
Reparar los pecados ajenos sí, pero reparar también los nuestros. No se trata de pagar sino de reparar. Los encarcelados pagan condena por sus malas obras, pero no reparan porque reparar es ante todo amar.
Cuando un alma ruega por un pecador con deseo ardiente de que se convierta, el Sagrado Corazón encuentra en esta súplica reparación por la ofensa recibida y la mayor parte de las veces esta alma obtiene lo que pide, aunque sea en el último momento (Diario de Sor Benigna Consolata).
Pío XI y su encíclica Miserentisimus Redemptor (1928) nos dice que es de JUSTICIA y de AMOR expiar las ofensas hechas a Dios y es deber de todos compensarle por dichas ofensas. El deber de expiación incumbe a todo el Género Humano.
Pero si grande es buscar reparaciones propias, son más grandes aceptar las que Dios nos envía y sobre todo las que Dios nos inspira.
La Santa Misa es la mejor reparación que podemos ofrecer a Jesucristo y al Padre Eterno, siempre y cuando se asista con fervor.
lunes, 26 de diciembre de 2011
sábado, 24 de diciembre de 2011
viernes, 23 de diciembre de 2011
Una gran noticia: Nos ha nacido Dios, nos ha nacido el amor, nos ha nacido la paz
martes, 20 de diciembre de 2011
lunes, 19 de diciembre de 2011
viernes, 16 de diciembre de 2011
Nos ha llegado una carta del cielo

2Sam. 7, 1-5.8-12.14-16;
Sal. 88;
Rom. 16, 25-27;
Lc. 1, 26-38
Hay noticias que nos llenan de alegría, que nos sorprenden o nos aturden, por inesperadas, por la importancia de la noticia, por las repercusiones que pueden tener en nuestra vida, por el compromiso. ‘Te voy a dar una noticia’, nos dice alguien y nos quedamos ansiosos en la duda de lo que se nos va a comunicar. Recibimos una carta que no esperábamos, y, o la abrimos rápidamente a ver qué nos dice, o le damos vueltas y vueltas antes de abrirla y leerle temerosos quizá de lo que se nos puede decir o anunciar.
Hoy un ángel viene a traer una noticia a María. Grande tiene que ser la noticia cuando es tal el embajador que viene del cielo a traerla; algo extraordinario tiene que ser cuando comienza el ángel con tales saludos y alabanzas. ‘Alégrate, la llena de gracia, el Señor está contigo’. Grandioso tiene que ser para tales saludos y María se queda ensimismada ‘ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel’.
Porque poco menos que tiene que sacudirla el ángel para que quite sus temores. ‘No temas, María’, y ahora la llama ya por su nombre. ‘Has hallado gracia ante Dios’, y el ángel le anuncia que el Salvador va a venir, que el anunciado por los profetas y deseado de las naciones está al llegar, que el Mesías a hacerse presente en medio del pueblo que lo esperaba, que el Hijo de Dios se va a encarnar en sus entrañas.
‘Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús’. Se ha de llamar Jesús, porque es el Hijo de Dios y Dios le ha puesto ese nombre; se ha de llamar Jesús porque es Dios que salva, es Dios que se hace presente con su salvación. Es el Hijo del Altísimo. Es el Hijo de Dios. El Espíritu Santo vendrá sobre ti. Serás la Madre de Dios.
Y María sigue contemplando, meditando, rumiando aquella sorprendente noticia. ¿Quién es ella para merecer tal don? ¿Cómo podrá realizarse milagro tan grande? El Misterio de Dios que en su inmensidad llena el universo está inundando el corazón de María, y ella se sigue sintiendo pequeña para algo tan grande. El que no cabe en todo el universo porque todo lo desborda en su omnipotencia y en su omnipresencia se va a hacer presente en sus entrañas. Y ella es pequeña, es una humilde servidora, la esclava del Señor. ‘Hágase en mí según tu palabra’, es la respuesta de María. Es que no sabe decir otra cosa quien siempre ha vivido en las manos de Dios y de Dios se ha dejado ir haciendo. ‘Aquí está la esclava del Señor’.
Nos ha llegado a nosotros una carta del cielo. Una embajada se acerca también a nuestra vida. Para nosotros es también esa Buena Noticia que hoy escuchamos. Viene el Señor con su salvación tan esperada. También a nosotros se nos dice: ‘el Señor está contigo’. Nos llega el Salvador con su gracia y su perdón. ‘Has hallado gracia ante Dios’. Dios se hace presente entre nosotros, en nuestra vida, en nuestro mundo. El ángel también nos anuncia a nosotros la navidad. Es la gran noticia que escuchamos este domingo y ya la navidad está cerca.
Hay, sin embargo, un peligro: que no llegue a ser noticia para nosotros porque nos creamos que ya nos la sabemos; que ya no nos impacte ni nos sintamos soprendidos porque nos hemos acostumbrado o hemos hecho otra cosa de la navidad. Así nos irá entonces en la navidad que no puede ser en consecuencia la verdadera navidad. Es el gran peligro y la gran tentación de acostumbrarnos a las cosas que ya entonces no le damos importancia. Es el gran peligro y tentación de que la Palabra del Señor ya no nos diga nada, no llegue a ser para nosotros Buena Noticia. Algo nos estaría fallando.
Tenemos que aprender de María y dejarnos sorprender por la Palabra de Dios. Tenemos que aprender de María y llenarnos de su espíritu humilde porque sólo así Dios se nos revela y se nos manifiesta. Tenemos que aprender de María para saber abrir nuestro espíritu y nuestro corazón al misterio de Dios. Tenemos que aprender de María y aprender a rumiar en nuestro corazón las cosas de Dios que se nos van manifestando, aunque tengamos que hacernos preguntas, aunque no todo siempre lo entendamos. Tenemos que aprender de María y poner en juego toda nuestra fe para abrir los ojos y reconocer ese mensaje divino que nos anuncia que Dios está con nosotros, que para nosotros es también su gracia y su vida.
No podemos decir sin más, bueno, ya estamos en el cuarto domingo de adviento y el próximo fin de semana es navidad. Parecería que nos dejamos llevar por superficialidad de las cosas que se repiten sin más y no es para nosotros la gran Noticia, la Buena Noticia de que el Señor está cerca y viene a ser Dios con nosotros.
Lo hemos estado esperando; nos hemos ido preparando a través de todo el adviento para este momento. Mucho habremos reflexionado y orado. Somos conscientes de que el mundo necesita esta venida del Señor; hay tanto sufrimiento a nuestro alrededor, hay tantos problemas y agobios, hay tantas desesperanzas, hay tanta gente que ha perdido la ilusión y se siente sin fuerzas para luchar, hay tanta gente que camina como en tinieblas, o desorientados, o sin metas en la vida, hay tanta gente envuelta en las redes de la muerte y del pecado.
Necesitamos que venga el Señor con la salvación. Necesitamos esa luz que nos despierte y nos llene de nuevas esperanzas. Necesitamos esa fuerza espiritual que sea consuelo que nos reconforte en nuestros agobios o sufrimientos. Necesitamos esa vida nueva que sólo en el Señor podemos encontrar y que El viene a traernos. Seguimos orando al Señor pidiendo que venga y que venga pronto y transforme nuestros corazones para que se pueda transformar nuestro mundo.
Estos días en nuestros hogares estamos con muchos preparativos de muchas cosas porque queremos celebrar bien y con mucha alegría la navidad. Una de las cosas, de las bonitas costumbres de nuestros hogares que no deberíamos de perder, es el hacer nuestro Belén, nuestro portalico de Belén, que sea como un signo en medio de nuestro hogar del misterio que estamos celebrando. Allí en medio colocaremos a Jesús en su bendita Imagen, pero que sea signo de que en el portalico de Belén de nuestra vida coloquemos en verdad a Jesús. No una imagen, sino al mismo Jesús. Tenemos que hacer un nuevo portal de Belén bien significativo para cuantos nos rodean.
Que en verdad coloquemos a Jesús en el centro de nuestra vida para que nos ilumine con su luz, para que se despierten de nuevo nuestras esperanzas e ilusiones por algo nuevo y distinto, por un mundo nuevo que llamamos Reino de Dios. Que en verdad coloquemos a Jesús ahí en el centro de todo y nos demos cuenta de que nosotros tenemos que ser ese consuelo de Jesús para cuantos sufren a nuestro alrededor, que nosotros hemos de llevar esa fuerza y esa gracia del Señor a los que se sienten débiles o derrotados.
Que en verdad coloquemos a Jesús en el centro de todo porque llevemos la Buena Noticia de su evangelio de salvación a todos para que encuentren la gracia, el perdón, el amor y la paz que viene a traernos Dios. ‘El Señor está contigo’, el Señor está con nosotros. Que en verdad coloquemos a Jesús en medio de todo nuestro mundo para que hagamos la más hermosa navidad y nuestro mundo se sienta transformado por la presencia de Dios en medio de nosotros. Que sintamos en verdad que hemos hallado gracia ante los ojos de Dios.
Tenemos una hermosa tarea que realizar.
lunes, 12 de diciembre de 2011
viernes, 9 de diciembre de 2011
Igual que Juan vayamos al mundo como testigos de luz para dar testimonio de Jesús

Is. 61, 1-2.10-11;
Sal.: Lc. 1, 46-54;
1Tes. 5, 16-24;
Jn. 1, 6-8.19-28
‘Surgió un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan, no era él la luz, sino testigo de la luz, venía como testigo para que por su testimonio todos vinieran a la fe’. Así nos comienza hoy el texto del evangelio. Allá en el desierto, junto al Jordán lo hemos contemplado en toda su austeridad, ‘vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura… se alimentaba de saltamontes y miel silvestre…’
Es la figura del profeta que repetidamente estos días contemplamos y escuchamos. Nos habla su vida, su austeridad, su penitencia, su humildad, sus palabras vibrantes que quieren despertar los corazones. Con toda su vida está siendo testigo que nos conduce a la luz, porque nos conduce a Jesús. Es el Precursor, el que viene antes, el que prepara los caminos, caminero de Dios, podríamos llamarlo.
A El acuden de todas partes porque se despiertan las esperanzas en la pronta venida del Mesías. De Jerusalén, de toda Judea, de la lejana Galilea acuden a escuchar su palabra y su invitación a la conversión. Como un nuevo Elías, con el espíritu y el poder de Elías, es la voz que grita en el desierto para preparar los caminos del Señor. Y la gente se sumerge en el agua del Jordán para someterse a aquel bautismo de penitencia y purificación confesándose pecadores.
Se despiertan esperanzas, pero se despiertan interrogantes en los corazones. No todos quizá comprenderán aquello nuevo que está surgiendo allá en el desierto. No se debe apagar el Espíritu ni despreciar el don de profecía, como más tarde diría san Pablo y hoy también hemos escuchado. Pero surge la embajada enviada desde Jerusalén. ‘Los judíos – las autoridades religiosas – de Jerusalén enviaron sacerdotes y levitas a preguntar a Juan’.
Surge el interrogatorio. ‘¿Tú quién eres?... ¿eres tú Elías?... ¿Eres tú el profeta?... ¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo?... ¿por qué bautizas?’
Juan lo tiene claro. ‘Yo no soy el Mesías… no soy el profeta… Yo soy la voz que grita en el desierto: Allanad el camino al Señor, como dijo el profeta Isaías’. Allí está la humildad del Bautista. El no es la Palabra, sino la voz que anuncia la Palabra que está por llegar.
‘Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis; el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de su sandalia’. Es el precursor que viene antes, que prepara los caminos. Jesús dirá de él que no ha nacido de mujer uno mayor que Juan, pero él no se considera digno de desatar la correa de su sandalia.
Cuánto nos está enseñando Juan con su austeridad, con su humildad, con sus gestos y actitudes, con su presencia allá en la orilla del Jordán. Viene a preparar caminos; viene a caldear los corazones; viene a ayudarnos a abrir nuestros oídos porque llega la Palabra. Nos grita, nos despierta, nos saca de nuestras modorras o nos abaja de nuestros pedestales.
El camino para ir hasta Jesús ha de ser un camino que pase también por la humildad, por la disponibilidad y la apertura de nuestro corazón y nuestra vida. Sólo así lo encontraremos porque es así también como se va a manifestar El, como le vamos a contemplar en Belén, y en los caminos de Palestina, y en el Calvario y en la Cruz.
Viene el que está ungido por el Espíritu del Señor, como decía el profeta, y por eso es el Mesías; viene a traernos una Buena Noticia - El mismo es esa Buena Noticia – que nos anuncia salvación, año de gracia, vida nueva, consuelo para los que sufren, paz para los atormentados en su corazón, liberación de todas las cosas que nos atan y esclavizan, amor que transforma los corazones para transformar el mundo.
Todo eso nos llena de gozo – es el domingo de la alegría en medio del camino del adviento por la esperanza que suscita en nuestros corazones con el anuncio de su cercana venida – y el profeta desborda de gozo y alegría en el Señor invitándonos a vestirnos también nosotros ese manto de triunfo, de alegría esperanzada. Por eso hemos cantado también en el salmo con el cántico de María proclamando la grandeza del Señor, la grandeza de su amor para con nosotros.
Todo esto nos está señalando claramente las cosas fundamentales que hemos de preparar para la venida del Señor. Porque hemos de hacer el camino. Nuestra esperanza nunca es pasiva. Recordemos lo que en otros momentos se nos dice de tener las lámparas encendidas en nuestras manos para esperar la llegada del Señor con suficiente aceite para que no se nos apaguen. San Pablo cuando nos invitaba hoy a la alegría nos decía también ‘sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto a vosotros’. Y nosotros le gritamos, ‘marana tha, ven Señor Jesús… ven pronto, Señor, no tardes’.
Pero si el que viene lleno del Espíritu del Señor viene dar buena noticia a los que sufren, vendar los corazones desgarrados, anunciar la amnistía y la libertad a los cautivos para que se proclame el año de gracia del Señor, creo que nosotros hemos de convertirnos en signo de todo eso medio de nuestro mundo con tantos corazones rotos y divididos, con tanto sufrimiento y con tantas ataduras tan difíciles de romper. Por nuestra vida, por los que hacemos, por nuestras actitudes, por el amor que transpiramos en todo nuestro ser, tenemos que convertirnos en signos de esa gracia salvadora del Señor para nuestro mundo.
Juan fue un testigo de la luz, y con toda su vida vino a dar testimonio en medio de su mundo concreto. Nuestro mundo de hoy necesita de ese testimonio, necesita unos testigos. Es lo que tenemos que ser nosotros. Pensemos, por ejemplo, cómo todo el mundo celebra navidad a su manera un año y otro año y sin embargo no se produce la transformación y salvación que Jesús viene a traernos. Sigue nuestro mundo igual con los mismos sufrimientos y sin esperanza. Esto tiene que dolernos.
¿No tendremos algo de culpa nosotros, los creyentes, porque no damos suficientemente el testimonio valiente de Jesús por nuestra vida, por el amor que repartimos, por la paz que llevamos a los demás, por el compromiso por hacer un mundo más justo? Tenemos que hacer presente ese año de gracia del Señor. Tenemos que hacer más presente a Jesús. Si sentimos esa preocupación y ponemos nuestra parte entonces estaremos en verdad preparando los caminos del Señor. Algo, es cierto, vamos haciendo, pero nuestro compromiso tendría que ser mayor.
Estamos esperando con fe la fiesta del nacimiento del Señor, como decíamos en la oración, que lleguemos a celebrar la Navidad, fiesta de gozo y salvación, con alegría desbordante, porque en verdad sintamos que el Señor nace en nosotros y un poquito más en el mundo que nos rodea.
jueves, 8 de diciembre de 2011
miércoles, 7 de diciembre de 2011
María, la llena de gracia, la Inmaculada, la Purísima

Gén. 3, 9-15.20;
Sal. 97;
Ef. 1, 3-6.11-12;
Lc. 1, 26-38
Esta fiesta de la Virgen que hoy estamos celebrando, esta Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, es una de las fiestas más hermosas de la Virgen, más entrañables para el pueblo cristiano. A través del año son muchas las fiestas que en nuestro amor y devoción a la que es la Madre de Dios y nuestra madre vamos celebrando.
Celebramos su Maternidad divina origen y fuente podíamos decir de todo el misterio de María, o celebramos su Asunción gloriosa al cielo en Agosto que es fiesta muy querida y entrañable para el pueblo cristiano; celebramos su Natividad o la celebramos en las diversas advocaciones con que la honramos, la invocamos y la amamos según nuestros propios lugares o según también los sentimientos que afloran en nuestro corazón en honor de la Madre.
Pero esta es la fiesta de la Inmaculada, la fiesta de la Purísima, así sin más, y está surgiendo ahí en nuestro corazón nuestro amor de de hijos a Madre tan querida y tan preclara. Y la contemplamos toda pura, toda llena de radiante hermosura, con la belleza más original y más grande, como tantos artistas magistralmente nos la han querido plasmar en cuadros, en imágenes, en poesías y cantos.
La liturgia también se desborda en este día en todo el esplendor de sus imágenes y sus signos en los diversos textos que se nos ofrecen para cantar a María, para cantar con ella la gloria del Señor. No nos cansamos de intentar decir cosas bellas a la Madre y ofrecerle el más tierno y puro amor, como siempre todo buen hijo quiere hacer.
Qué no haría un hijo por su madre si en su mano estuviera el poderle dar lo más hermoso o adornarla con las más preciadas joyas. Es lo que quiso hacer Dios con la que iba a ser la Madre de Jesús, la Madre del Hijo de Dios encarnado, en fin de cuentas, la Madre de Dios. Si como consecuencia del pecado de Adán todos nacemos con la mancha del pecado original no iba a permitir Dios que quien iba a prestar sus entrañas para que el Hijo de Dios se encarnase haciéndose hombre para nuestra salvación, para vencer la muerte y el pecado naciera con esa mancha en su alma.
Es el misterio admirable y maravilloso que hoy en María estamos celebrando. En virtud de los méritos de Cristo Ella iba a ser preservada de todo pecado. ‘Porque preservaste a la Virgen María de toda mancha de pecado original para que en la plenitud de la gracia fuese digna madre de tu Hijo…’ cantamos en el prefacio para cantar la gloria del Señor y darle gracias. ‘Preparaste a tu Hijo una digna morada y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado… la preservaste limpia de toda mancha de modo singular…’ repetimos una y otra vez en las diversas oraciones litúrgicas.
María, la llena de gracia, la que encontró gracia ante el Señor, como la saluda y le dice el ángel de la anunciación. ‘La virgen se llamaba María’, había dicho el evangelista cuando nos describe el cuadro donde se iba a realizar y hacer presentes las maravillas del Señor. Pero cuando el ángel la saluda de entrada no es ese el nombre que utiliza, sino que la llama ‘la llena de gracia’.
A todos los significados que los gramáticos puedan buscar en la etimología de María hay que añadir el significado que le da el ángel a su nombre, ‘la llena de gracia’. Luego sí le dirá, ‘no temas, María…’ porque tu eres la llena de gracia, porque ‘has encontrado gracia ante Dios’. Encontró gracia ante de Dios y se inundó de Dios, ‘el Señor está contigo’, le sigue diciendo el ángel. Tan llena de Dios que está inundada del Espíritu Santo para hacer que de Ella nazca Dios hecho hombre. ‘La fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra… y el Santo que va a nacer, se llamará Hijo de Dios’. Es el misterio de Dios que nos describe el evangelista y tantas veces hemos escuchado y meditado.
Si Dios así la reviste de toda gracia y hermosura, gracia que va a brillar en su fe y en su amor, en su alma siempre dispuesta para Dios y en su corazón siempre rebosante de amor para amar y para servir, hasta hacer posible que todos quepamos en su corazón de Madre cuando el mismo Dios nos la regala, cómo no vamos nosotros también a piropearla con nuestro amor, a cantar los cánticos más bellos para María, cómo no vamos a alegrarnos con la alegria más grande y más pura en su fiesta como hoy lo hacemos. Ya quisiera ser músico y poeta para cantar las más hermosas melodías en su honor o entonar los más bellos cánticos y poemas.
Pero es que además en el espejo de María hemos de mirarnos, como se miran siempre todos los hijos que quieren imitar a su madre. ‘Comienzo e imagen de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de radiante hermosura’, le dice la liturgia en el prefacio. La belleza del corazón de María, la belleza de la santidad de María es el espejo donde hemos de mirarnos porque ahí nos está señalando el camino de santidad y de gracia que nosotros hemos de recorrer también; ahí estamos contemplando la santidad de María que es el vestido con que nosotros nos hemos de vestir, o el molde en el que nos hemos de meter para formarnos a imagen de María.
María, la primera redimida, porque en previsión de los méritos de Cristo, su Hijo, fue preservada del pecado, va delante de nosotros señalándonos el camino, diciéndonos con su santidad que es posible hacer ese camino de seguimiento a Jesús si somos capaces como ella de plantar en nuestro corazón y en nuestra vida la Palabra de Dios. ¿No recordamos lo que diría Jesús que quien escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica ese es su madre y su hermano y su hermana? Ahí lo tenemos, ahí tenemos a María delante de nosotros enseñándonos, si nos parecemos a ella, cómo hemos de saber acoger la Palabra de Dios en nuestro corazón.
Ahí camina María delante de nosotros con esa disponibilidad total de su corazón para amar y para servir haciéndose la última y la esclava de todos como luego Jesús nos enseñará en el evangelio que quien se hace el último y el servidor de todo ése será el más grande en el Reino de los cielos. Transformemos nuestro corazón a imagen del corazón de María para que así siempre esté lleno y rebosante de amor. Tengamos los ojos de María para ver con mirada nueva e ir descubriendo en cada momento donde hemos de poner todo nuestro amor como ella lo hacía. Y así, una a una, vayamos copiando todas sus virtudes, vayamos revistiéndonos de su santidad, llenándonos de la gracia del Señor.
Cantemos al Señor que ha hecho maravillas en María. ‘Cantad al Señor un cántico nuevo que ha hecho maravillas’, que decíamos en el salmo. Cantemos y bendigamos al Señor que en Cristo nos ha bendecido también a nosotros con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales, como decía san Pablo en la carta a los Efesios. Bendecimos a Dios que nos ha elegido y nos ha llamado para que seamos santos e irreprochables en el amor, pero que nos ha dado a María como el más sublime ejemplo y modelo de amor, de gracia, de santidad, porque nos la ha dado como Madre.
Es la fiesta de la Purísima, de la Inmaqculada y al contemplar la santidad de María nos sentimos impulsados a vivir una santidad igual. A María celebramos, a María la bendecimos y la invocamos, a María le pedimos que sea siempre esa madre buena e intercesora que nos alcance esa gracia del Señor. Ella era la ‘llena de gracia’, - y también ese tendría que ser nuestro nombre si imitáramos más a María – ‘la llena de gracia’ que se dejó inundar por el Espíritu divino, que nos ayude, que nos enseñe cómo llenarnos de esa gracia del Señor, cómo dejarnos inundar por el Espíritu de Dios, cómo tener esa disponibilidad y esa fe en nuestro corazon para sentir que también siempre Dios está con nosotros.
lunes, 5 de diciembre de 2011
sábado, 3 de diciembre de 2011
Consolad a mi pueblo… hablad al corazón… aquí está vuestro Dios

Is. 40, 1-5.9-11;
Sal. 84;
2Pd. 3, 8-14;
Mc. 1, 1-8
Hay ocasiones, que por las cosas que nos suceden, el estado de ánimo en que nos encontremos o los fracasos o adversidades que vamos sufriendo en la vida, pareciera que nada nos pudiera servir de consuelo. Nos podemos encontrar desalentados o haber perdido la esperanza, las cosas no son de nuestro agrado o nos sentimos abrumados quizá por lo que hayamos hecho, en nuestro agobio y desesperanza lo podemos ver todo negro y parece que la esperanza se hubiera perdido. Hemos de reconocer que nos encontramos gente a nuestro lado que han perdido así la esperanza y nos pudiera suceder a nosotros también en ocasiones.
Sin embargo y a pesar de todo esto, la Palabra que hoy escuchamos es una palabra de esperanza y de consuelo. Así ha comenzado el profeta precisamente. ‘Consolad, consolad a mi pueblo, dice nuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio y está pagado su crimen…’
Este es el alegre y esperanzador anuncio profético para el pueblo sometido a cautividad en Babilonia y al que se le abren las puertas para que pueda volver a su tierra y reconstruir Jerusalén y el templo del Señor. Es tal la alegría y la esperanza que no habrá valles ni montañas ni desiertos que se interpongan o puedan obstaculizar su camino hacia la libertad. ‘En el desierto preparadle un camino al Señor, allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale…’
Para nosotros ya no es sólo la palabra de esperanza dicha para aquel pueblo en aquellas circunstancias de retorno después de la esclavitud, sino que son palabras llenas de profecía que se han hecho realidad en quien iba a ser el precursor del Mesías y se iba a convertir en el heraldo y mensajero que preparase los caminos del Señor. La figura del Bautista aparece ya en este segundo domingo de Adviento con la profecía de su vida y sus palabras.
Será lo que el evangelista recordará ya desde el inicio del relato del evangelio para recordarnos y señalarnos al Bautista. Estamos en el inicio del evangelio de Marcos. ‘Yo envío mi mensajero delante de ti, para que te prepare el camino – recuerda la profecía de Isaías -. Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos’. Y nos habla de Juan el que desde la penitencia y la austeridad de vida predicaba junto al Jordán y bautizaba a los que confesaban sus pecados para preparar la inminente venida del Mesías.
Pero nosotros podemos decir aún más, porque son también palabras que nos despiertan a la esperanza en el momento presente invitándonos también al consuelo y a la alegría porque el Señor viene a nuestra vida iluminando nuestra vida y transformando nuestro corazón. Sí, hay esperanza para nuestra vida; un faro de luz se enciende también para nosotros porque nos llega el consuelo de Dios, la salvación de Dios. Bien que lo necesitamos desde todos los aspectos de la vida, ya sea lo social que vivimos, ya sea también en la situación espiritual en que nos encontramos.
Se tienen que disipar también las tinieblas del desaliento y la desesperanza con las que envolvemos tantas veces nuestra vida y de ninguna manera podemos dejar que las negruras del fracaso o del mal nos envuelvan el corazón. No nos podemos dejar abatir por los agobios de los problemas que en la vida nos quieran atormentar. Con la venida del Señor todo lo vemos distinto y lleno de luz, prometedora de vida nueva. Con la venida del Señor necesitamos también en la vida de la Iglesia ese ánimo, ese consuelo y esa esperanza porque muchas veces también nos sentimos acobardados y no damos el testimonio claro que tendríamos que dar.
Viene también para nosotros la salvación; llega a nuestra vida la gracia redentora y trasformadora que nos hace un hombre nuevo lleno de vida nueva. El perdón que el Señor nos trae con su salvación nos llena de paz y renace la verdadera alegría en nuestro corazón. ‘Mirad, el Señor Dios llega con poder… viene con El su salario y su recompensa lo precede… está pagado su crimen, pues la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados’.
Es la salvación que nos trae Jesús. Es el regalo de su amor y de su perdón. Ya no nos sentiremos hundidos más porque tenemos la confianza del amor del Señor. Qué gozo y qué consuelo. Es que, como nos decía san Pedro, ‘nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia’, que esté lleno de la santidad verdadera y de la gracia que con el perdón nos trae la paz.
Pero esa invitación a la esperanza, esa palabra de alivio y de consuelo es palabra también comprometedora. Es palabra de exigencia para nuestra vida, porque si así vislumbramos la salvación que el Señor nos ofrece en su venida, hemos de vislumbrar también ese sentido de vida nueva que hemos de darle a nuestra existencia. Es palabra, entonces, que nos interroga por dentro, que nos hace reflexionar, que nos invita y exige que le demos nuevos rumbos a nuestra vida. Es llamada a la conversión.
Juan predicaba allá en el desierto junto al Jordán para que se convirtiesen al Señor. Era la voz que grita en el desierto para preparar los caminos del Señor. Es la voz que nosotros escuchamos también en nuestro corazón para ponernos en un nuevo camino. Aquello que anunciaba el profeta para los que volvían a Jerusalén donde no habría ni desiertos ni montañas, ni valles, ni colinas que se interpusiesen en su camino, es lo que ahora también hemos de hacer nosotros.
Reconstruimos nuestra vida con la gracia del Señor, enderezamos lo que está torcido en tantos caminos no rectos por los que nos hemos dejado llevar; igualamos y mejoramos lo escabroso de las violencias que tantas veces nos arrastran al enfrentamiento y a la lucha de los unos contra los otros para hacer que sea siempre sólo el amor lo que dé sabor y sentido a nuestra vida; allanamos los valles y montañas de los orgullos que habíamos dejado meter en nuestro corazón, para vivir ahora en la humildad, sencillez y austeridad; queremos que nuestra vida sea una calzada hermosa para nuestro Dios, para que Dios sea en verdad el Rey y Señor de nuestra vida, porque en fin de cuentas es lo que queremos aceptar, el Reino de Dios en nuestra vida.
Hemos sido bautizados no ya sólo con agua porque queramos hacer penitencia de nuestros pecados, sino con agua y con el Espíritu, que ha purificado nuestro corazón para hacer surgir en él la nueva vida de los hijos de Dios. ‘Yo os he bautizado con agua, decía Juan el Bautista, pero El os bautizará con Espíritu Santo’.
Es importante este segundo paso que damos en el camino del Adviento. Con la esperanza que se aviva en nuestro corazón tendríamos que sentirnos distintos, con mayor alegría, con mayor empuje y compromiso, con una ilusión renacida por hacer ese mundo nuevo. Y ante tanto desaliento que vemos a nuestro alrededor por toda la situación que vive hoy nuestra sociedad, nosotros tenemos que sembrar con nuestras actitudes, con nuestra alegría y entusiasmo semillas de esperanza. La fe y la esperanza de nuestra vida nos comprometen con el mundo en que vivimos y nos comprometen también dentro de nuestra Iglesia.
Como decía el profeta, y nos lo dice a nosotros también, ‘súbete a un monte elevado heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a todo el mundo que te rodea: Aquí está nuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder… como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne…’ Con nuestra vida, con nuestro testimonio tenemos que ser testigos y anunciadores de esa esperanza.
sábado, 26 de noviembre de 2011
viernes, 25 de noviembre de 2011
Amigo miercoles y viernes entra a mis programas de radio
Aqui puedes leer mas mensajes del Movimiento.
-
►
2010
(162)
- ► septiembre (9)
Administracion general y adjuntos
Pidamos la humildad
escúchame:
del deseo de ser reconocido, líbrame Señor
del deseo de ser estimado, líbrame Señor
del deseo de ser amado, líbrame Señor
del deseo de ser ensalzado, ....
del deseo de ser alabado, ...
del deseo de ser preferido, .....
del deseo de ser consultado,
del deseo de ser aprobado,
del deseo de quedar bien,
del deseo de recibir honores,
del temor de ser criticado, líbrame Señor
del temor de ser juzgado, líbrame Señor
del temor de ser atacado, líbrame Señor
del temor de ser humillado, ...
del temor de ser despreciado, ...
del temor de ser señalado,
del temor de perder la fama,
del temor de ser reprendido,
del temor de ser calumniado,
del temor de ser olvidado,
del temor de ser ridiculizado,
del temor de la injusticia,
del temor de ser sospechado,
Jesús, concédeme la gracia de desear:
-que los demás sean más amados que yo,
-que los demás sean más estimados que yo,
-que en la opinión del mundo,
otros sean engrandecidos y yo humillado,
-que los demás sean preferidos
y yo abandonado,
-que los demás sean alabados
y yo menospreciado,
-que los demás sean elegidos
en vez de mí en todo,
-que los demás sean más santos que yo,
siendo que yo me santifique debidamente.
McNulty, Obispo de Paterson, N.J.

Tumba del Santo Padre Pio.

Alli rece por todos uds. Giovani Rotondo julio 2011

Rueguen por nosotros


Cristo ten piedad de nosotros.

Mientras tengamos vida en la tierra estaremos a tiempo de reparar todos los errores y pecados que cometimos. No dejemos para mañana . Hoy podemos acercarnos a un sacerdote y reconciliarnos con Dios,

Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia dijo Jesus

Jesucristo Te adoramos por todos aquellos que no lo hacen . Amen
Etiquetas
- activismo (1)
- Adoracion al Santisimo Cuerpo de Jesus Sacramentado. A EL TODO.NUESTRO AMOR. (1)
- Alabanza (1)
- alma de Cristo (1)
- Amigo ¿ hoy adoraste a Dios quien te dio la vida gratuitamente.? Acercate a El te espera con amor en su Casa (1)
- Amigos ¿nos proponemos hoy hacer un gesto caritativo? (1)
- Aqui rendimos Culto (1)
- ateismo (1)
- BAUTISMO DEL FUTBOLISTA WESLEY SNEIJDER (1)
- Benedicto XVI (2)
- Campañas en favor de la paz que circulan en la red (1)
- confesion urgente (1)
- CONVERSION (2)
- Decalogo del matrimonio. Para vivir saludablemente (1)
- EL CIELO. Vision de Santa Faustina (1)
- El hombre ha sido llamado a la existencia. Antes de formarte en el vientre de tu madre te conoci.. (1)
- El nos enseña a valorar la vida. Mira este video de un gran hombre sin piernas ni brazos. (1)
- EL ÚLTIMO LUGAR (anécdota) (1)
- Gloria (1)
- Hombre y mujer .¡ Viva la diferencia¡ (1)
- Honor (1)
- iglesia universal (1)
- Jesus aqui estoy (1)
- Jesus rey de la tierra (1)
- Las palabras pueden herir . Mira a este cientifico (1)
- MISION CHAD (1)
- musica gregoriana (1)
- musica pavaroti sting (1)
- No a la murmuracion (1)
- NO PERMITAS QUE TUS HIJOS CELEBREN EL HALLOWEEN (1)
- oracion (1)
- Oración (1)
- paz (1)
- Poder (1)
- REY DEL ABORTO (1)
- Rindo homenaje a todos los sacerdotes de Cristo que con su entrega diaria sostienen al mundo entero. (1)
- santa faustina (1)
- tarot (1)
- Una azafata provida devuelve foto al Rey de España. VALIENTE TESTIMONIO (1)
- Virgen de la Medalla Milagrosa ruega por nosotros.Amigo acercate a honrar a la Virgen en su dia. Te concedera abundantes gracias. (1)
- Virgen le hablo (1)
- vision del infierno (1)