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Se alegra el alma al saber que tu estas aqui, en nuestra casa de paz

Amigo de mi alma tengo un gran deseo en mi corazon Amar a Dios por todos aquellos que no lo hacen hoy. ¿Me ayudas con tus aportes de amor cada vez que entres aqui? dejanos tu palabra de bien, tu gesto amoroso hacia Dios y los hermanos.

Seamos santos. Dios nos quiere santos

Adri

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir mas ante el pecado.

Seremos c ompletamente libres ,si nos determinamos a no consentir  mas ante  el pecado.
Determinemonos en el deseo de llegar a ser santos.

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jueves, 5 de enero de 2012


Estrellas luminosas de amor para iluminar y transformar nuestro mundo

Todo el mundo dice hoy que es el día de los Reyes, pero ¿no será más bien el día del gran Rey? Efectivamente tenemos que decir que a quien realmente hoy celebramos es al que es el Señor y Rey de nuestra vida. Decimos en verdad que es la manifestación del Rey, la Epifanía del Señor. Magos vienen preguntando por ‘el recién nacido rey de los judíos porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo’.
El niño nacido en Belén y recostado entre pajas anunciado por los ángeles entre resplandores de gloria a los pastores, ahora se manifiesta como el Rey y Señor para todas las naciones, para todas las gentes, anunciado también por un resplandor del cielo, como señal, por el resplandor de una estrella aparecida en lo alto del firmamento.
En brazos de María finalmente lo van a encontrar los Magos guiados ahora por la Escritura santa que manifiesta que será en Belén de Judá donde han de encontrarlo. ‘Y tú Belén, tierra de Judá,  no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe, que será pastor de mi pueblo Israel’. Y el resplandor de la estrella vuelve a conducirlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Todas estas fiestas y celebraciones de la navidad y epifanía están envueltas en resplandores de luz, porque es la luz del mundo la que ha venido a llenarnos de su luz y de su vida. El nacimiento de Jesús es como un nuevo amanecer que nos llena de una luz nueva disipando todas nuestras tinieblas.
Ya en la noche del nacimiento del Señor la Palabra nos hablaba de la luz que brillaba en las tinieblas. Hoy de nuevo el profeta nos anuncia ese amanecer. ‘Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz, la gloria del Señor amanece para ti… sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. Y caminarán los pueblos a tu luz, y los reyes al resplandor de tu aurora’.
Bella imagen y rica en significado que se nos ofrece hoy en la Palabra del Señor. Necesitamos de los resplandores de ese amanecer, de esa luz que nos saque de tinieblas y de sombras. La fe y la esperanza que ponemos en Jesús así quiere iluminar nuestra vida. Son muchas las oscuridades que tenemos que disipar. Lo hemos venido reflexionando de una forma y otra a lo largo del Adviento avivando nuestra esperanza. Y ahora que llega el Señor tiene que resplandecer nuestra vida a esa luz nueva y viva que nos trae el Señor.
Tenemos al Emmanuel, a Dios con nosotros y con su presencia tenemos que sentirnos transformados. Primero que nada tiene que despertarse nuestra fe, avivarse para que nunca olvidemos esa presencia del Señor y nos sintamos en todo momento fortalecidos con su gracia que tanto lo necesitamos. Decía el evangelio que los magos cuando llegaron hasta donde estaba Jesús se postraron cayendo de rodillas y lo adoraron.
Es lo que tenemos que saber hacer. Reconocer la presencia del Señor, adorar al Señor como el único Dios de nuestra vida. Con nuestra fe lo reconocemos y desde lo más hondo del corazón le ofrecemos lo mejor de nosotros mismos, todo nuestro amor. Hemos de saber dejarnos guiar por las estrellas, las señales que Dios pone a nuestro lado en el camino de la vida para llegar hasta esa profesión de fe y esa adoración.
Algunas veces nos cuesta, porque nos sentimos confundidos por muchas cosas o nos llenamos de dudas. En la vida nos van apareciendo muchas sombras que nos confuden y pudiera parecernos que desaparece la luz que nos guía. Fue el camino que siguieron los Magos de Oriente de los que nos habla el evangelio, pero ellos supieron mantenerse firmes en su búsqueda, aunque hubo momentos en que la estrella parecía desaparecer de su vista, y al final llegaron hasta Jesús.
También los problemas en los que nos vemos envueltos en la vida, la situación que se vive en nuestra sociedad, la carencia de cosas elementales y necesarias que tienen tantos en estos momentos de crisis, el sufrimiento que apreciamos a nuestro alrededor o nuestro propio sufrimiento puede desestabilizarnos.
Muchas sombras envuelven nuestro mundo que hace que muchos vayan como sin rumbo por la vida hace que necesitemos la luz de esa estrella que nos guíe, que nos dé esperanzas, que nos haga soñar en un mundo nuevo más justo, con más paz, más solidario, más humano. Pero, aún en medio de esas turbulencias, nosotros los cristianos sabemos que hay una estrella que nos guía, que hay una luz que nos da sentido y valor.
Nosotros creemos en Jesús. Estamos ahora celebrando su nacimiento y su manifestación al mundo como esa luz de salvación. Con esa fe tenemos que caminar; desde esa fe nos sentimos fuertes, porque sabemos que Dios está con nosotros y con su gracia podemos ir transformando todo ese mundo oscurecido en un mundo lleno de luz; ese mundo oscurecido por el pecado, por la falta de amor, por tantos sufrimientos podemos en el nombre de Jesús transformarlo para hacerlo mejor, para remediar tantas necesidades y para dar esperanza de vida y de salvación a cuantos están sometidos al sufrimiento, al dolor y la desesperación.
Es un anuncio que también nosotros hemos de hacer siendo desde nuestra fe estrella luminosa para nuestro mundo. Y seremos estrella luminosa desde el amor donde nos sentimos cada día más hermanos y desde la solidaridad donde sabemos compartir con los demás, desterrando todo egoísmo y cerrazón.
El amor es camino de salvación y nos abre a la justicia y santidad verdadera. Por eso ahí donde contemplamos tanta sufrimiento tenemos que saber estar con nuestro amor, nuestra ayuda, nuestra solidaridad, nuestro compartir generoso. Cuánto podemos y tenemos que hacer; de cuántas maneras podemos ser estrellas luminosas para los demás. El amor de un corazón generoso nos hará encontrar medios y caminos para realizarlo.
Los Magos cuando llegaron y se postraron ante Jesús y ‘abriendo sus cofres,le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra’, que nos dice el evangelio. Es el signo del compartir. Es el ejemplo a imitar.
Abramos el cofre de nuestro corazón que muchas veces sentimos la tentación del egoísmo y quisiéramos mantenerlo cerrado. Ábrelo generoso y rebusca ahí dentro de tu corazón esos tesoros hermosos que tienes en tu bondad, en tus buenos deseos, en las ganas que tienes de que el mundo sea mejor, y comienza a compartir, comienza a ofrecer, que el Niño Dios está en todos esos que están a tu alrededor llenos de sufrimiento y hambrientos de pan o de paz, de justicia o de verdad. Muchas cosas buenas hay en ti para compartir. Ya sabemos que lo que le hagamos a los demás es como si a Jesús se lo hiciéramos como nos enseñará en el Evangelio.
Que amanezca en verdad la luz del Señor sobre nuestra vida y nuestro mundo. Caminemos todos a luz del Señor, a la luz del amor. Así lo proclamaremos en verdad como Rey y Señor de nuestra vida. Es el día de la Epifanía del Rey.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Nos encontramos con María y celebramos a la Madre de Dios



Núm. 6, 22-27;
 Sal. 66;
 Gál. 4, 4-7;
 Lc. 2, 16-21
‘Los pastores fueron corriendo y encontraron a María, a José y al Niño acostado en el pesebre’. Seguimos encontrándonos con Jesús. Seguimos celebrando a Jesús. Seguimos celebrando el misterio de la Navidad. No nos cansamos en nuestra alegría y nuestra fiesta. No nos cansamos de dar gracias a Dios porque nos ha dado a su Hijo. Tanto es el amor que nos tiene que nos lo entregó.
Pero si todo se centra en Jesús en estos días – como tiene que ser siempre en la vida del cristiano que no tiene otro centro que Jesús y más en estos días de la Navidad – hoy miramos de manera especial a María. Nos encontramos con María, como aquellos pastores que corrieron a Belén para ver lo que les había anunciado el ángel del Señor. Es la madre del Niño recién nacido que lo acuna en sus brazos maternales, pero es que es la Madre del Señor, la Madre de Dios. ¡Cuánta maravilla!
Como nos sucede en nuestros comportamientos humanos cuando en nuestro entorno nace un niño, nos alegramos y nos festejamos en aquel nacimiento y vamos a ver al niño recién nacido, pero vamos también a ver a la madre, a felicitarla, a regalarla con nuestro aprecio, nuestro cariño y nuestras atenciones. Así la liturgia a los ocho días del nacimiento de Jesús, aunque no hemos dejado de contemplar a la madre en todo momento siempre al lado de Jesús, hoy de manera especial la Iglesia quiere festejarla, por eso, porque es la Madre de Jesús, porque es la Madre de Dios.
Como nos decía san Pablo ‘cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer (María), nacido bajo la ley… para que recibiéramos el ser hijos por adopción’. Qué hermoso lo que nos dice el Apóstol ‘nacido de una mujer’, por medio de María nos viene quien viene a hacernos hijos, a rescatarnos y a salvarnos, a regalarnos la vida de Dios.
Recordamos en la historia la alegría de los cristianos de Éfeso cuando en el concilio se declaró que siendo Jesús verdadero Hijo de Dios, María era verdaderamente la Madre de Dios. Se organizaron inmediatamente grandes desfiles procesionales y la gente se congregó para aclamar llena de alegría a la Teotokos, a la Madre de Dios. Es lo que hoy estamos celebrando.
Ahí está María, en silencio como ella sabe hacerlo, contemplando, meditando, guardando en su corazón todo cuanto está aconteciendo. En silencio seguirá cantando a Dios desde su corazón porque grandes son las maravillas que Dios está obrando en ella. No podemos pensar que aquel hermoso cántico de María cuando lo de la visita a su prima Isabel fuera sólo algo que saliera de su corazón en aquel momento, sino que hemos de reconocer que era el cántico permanente del corazón de María.
María estará desbordando su corazón de gozo en el Señor por cuanto sucede pero es que está viendo ante sus ojos aquello que proféticamente había proclamado en aquel canto del Magnificat. Se había fijado el Señor en su pequeñez y eso la había llevado a cantar al Señor. ‘Ha hecho el Poderoso obras grandes en mí; su nombre es Santo’, cantaba María. Pero es que ahora son los pobres, los pequeños, los humildes, los pastores de Belén los que han recibido la noticia del cielo y los que vienen alabando al Señor que así se manifiesta a los pequeños y los humildes.
‘Desplegó la fuerza de su brazo… y ensalzó a los humildes y a los pobres colmó de bienes’. Mucha gente importante podría haber en Belén en aquellos días o en la no tan lejana Jerusalén, pero será a los pastores a los que llevó la Buena Noticia el ángel del Señor. Son los pobres que son evangelizados, los pobres a los que llega la Buena Noticia. Así son las maravillas del Señor. ‘Y los pastores se volvieron dando gloria y alabanza al Señor por lo que habían visto y oído, todo como les habían dicho’.
Nosotros también queremos cantar al Señor con María y como los pastores de Belén. María nos enseña a cantar y bendecir al Señor. Y le damos gracias por cuantas maravillas hace el Señor con nosotros y en favor nuestro. No podemos dejar de bendecir al Señor. A nosotros que somos pequeños y humildes también se nos manifiesta el amor del Señor. Aquí estamos con nuestra pobreza, nuestras carencias y llenos de debilidades. El listado de nuestras flaquezas humanas sería grande al que tenemos que unir nuestros muchos pecados. Pero el Señor nos ama. El Señor a nosotros también nos está regalando su amor a través del amor de cuantos nos rodean. Sepamos ver la mano del Señor.
Y además el Señor nos ha regalado a María, su Madre, la Madre de Dios, que es también nuestra madre a la que queremos amar con todo nuestro corazón. María, la Madre del Señor que está ahí delante de nuestros ojos enseñándonos tantas cosas con su vida, siendo un estímulo grande en el camino de nuestra santidad y superación personal, pero que también nos está alcanzando la gracia del Señor con su poderosa intercesión maternal.
En la octava de la Navidad hoy estamos celebrando a María pero no somos ajenos al discurrir de la vida y de los tiempos en este día que es también el comienzo del Año. Es un día en que todos se felicitan y se desean lo mejor para el año nuevo. Es un día en que imploramos las bendiciones del Señor para nosotros y para nuestro mundo. Que el Señor vuelva su rostro sobre nosotros, como nos decía la bendición de libro de los Números, porque bien que necesitamos su favor y su gracia. No vamos ahora a hacer aquí un listado de cuantos problemas afectan a nuestro mundo que todos somos bien conscientes de ello, pero sí pedimos la gracia y la bendición del Señor para que los hombres tengamos la sabiduría de encontrar los caminos que nos conduzcan por caminos de luz, nos conduzca por caminos de paz y de progreso para todos para que nadie sufra, para que todos en verdad tengan una vida digna.
Este día primero del Año desde hace mucho tiempo que ha convertido en la Iglesia en una Jornada de oración por la paz. Es la paz anunciada por los ángeles en el nacimiento de Jesús porque para todos es la paz, porque todos somos amados de Dios. Como siempre el Papa nos ha enviado un hermoso mensaje para esta Jornada de la Paz con el título ‘educar a los jóvenes en la justicia y en la paz’.
No podemos detenernos aquí con todo detalle en dicho mensaje y solo entresacamos algunos párrafos. ‘La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios. Los cristianos creemos que Cristo es nuestra verdadera paz: en Él, en su cruz, Dios ha reconciliado consigo al mundo y ha destruido las barreras que nos separaban a unos de otros (cf. Ef. 2,14-18); en Él, hay una única familia reconciliada en el amor. Pero la paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir. Para ser verdaderamente constructores de la paz, debemos ser educados en la compasión, la solidaridad, la colaboración, la fraternidad…
«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9). La paz para todos nace de la justicia de cada uno y ninguno puede eludir este compromiso esencial de promover la justicia, según las propias competencias y responsabilidades. Invito de modo particular a los jóvenes, que mantienen siempre viva la tensión hacia los ideales, a tener la paciencia y constancia de buscar la justicia y la paz, de cultivar el gusto por lo que es justo y verdadero, aun cuando esto pueda comportar sacrificio e ir contracorriente.
A todos vosotros, hombres y mujeres preocupados por la causa de la paz. La paz no es un bien ya logrado, sino una meta a la que todos debemos aspirar. Miremos con mayor esperanza al futuro, animémonos mutuamente en nuestro camino, trabajemos para dar a nuestro mundo un rostro más humano y fraterno y sintámonos unidos en la responsabilidad respecto a las jóvenes generaciones de hoy y del mañana, particularmente en educarlas a ser pacíficas y artífices de paz’.
Que el Señor vuelva su rostro sobre nosotros y nos conceda su paz. María, Madre y Reina de la paz nos la alcance del Señor.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Creo




Creo en el Amor Puro
Creo en Cristo
Creo que si la siembra fue Amor aun cuando el mal quiera nublar el bien, Dios que ve en lo secreto ve el Amor.
Creo en la santidad
Creo que el bien triunfa
Creo en la transformación del mal por el bien

Aun cuando todo parezca un aparente fracaso
CREO
Creo que es posible recuperar lo SAGRADO
Creo que DIOS pone en el corazon deseos realizables, aquello que ya nos fue dado desde el primer dia que nos creo.
Creo firmemente en la osadia y la valentia mistica, en el goce de la contemplacion
Creo en el despojo y en el vaciarse como inicio de un renacer
Creo en la palabra como gracia y en el silencio profundo del AMOR
Creo que somos eternos aprendices
Creo en la espontaneidad del asombro adoratriz
Creo en DIOS CREADOR
Creo en el Hijo Redentor
Creo en el Espiritu SANTO DEL AMOR
Aletheia


Pido la divina inocencia, la pureza,la humildad .

Solo  los puros de corazón verán a Dios.


Adriana

Hoy viernes hacemos reparacion y desagravio por los ultrajes a CRISTO y su Iglesia.

Todo cristiano debería ser un alma reparadora, Jesucristo pide constantemente la reparación a través de almas privilegiadas.

¿Qué es reparar? Reparar es consolar el Corazón de Cristo y compensarle por los ultrajes que recibe constantemente y encima pedir misericordia por la persona o personas que le ofenden. El amor de reparación es semejante al que nos tiene Jesucristo que fue el Gran Reparador.

El Padre Eterno ama inmensamente a las almas reparadoras en las que ve un calco de su Unigénito. Estas almas sólo piensan en consolar a Jesús y lo quieren por puro amor. Se puede decir que es el amor perfecto hacia Dios.

Reparar los pecados ajenos sí, pero reparar también los nuestros. No se trata de pagar sino de reparar. Los encarcelados pagan condena por sus malas obras, pero no reparan porque reparar es ante todo amar.

Cuando un alma ruega por un pecador con deseo ardiente de que se convierta, el Sagrado Corazón encuentra en esta súplica reparación por la ofensa recibida y la mayor parte de las veces esta alma obtiene lo que pide, aunque sea en el último momento (Diario de Sor Benigna Consolata).

Pío XI y su encíclica Miserentisimus Redemptor (1928) nos dice que es de JUSTICIA y de AMOR expiar las ofensas hechas a Dios y es deber de todos compensarle por dichas ofensas. El deber de expiación incumbe a todo el Género Humano.

Pero si grande es buscar reparaciones propias, son más grandes aceptar las que Dios nos envía y sobre todo las que Dios nos inspira.

La Santa Misa es la mejor reparación que podemos ofrecer a Jesucristo y al Padre Eterno, siempre y cuando se asista con fervor.

Aqui puedes leer mas mensajes del Movimiento.

Administracion general y adjuntos

Pidamos la humildad

Oh Jesús! Manso y Humilde de Corazón,
escúchame:

del deseo de ser reconocido, líbrame Señor
del deseo de ser estimado, líbrame Señor
del deseo de ser amado, líbrame Señor
del deseo de ser ensalzado, ....
del deseo de ser alabado, ...
del deseo de ser preferido, .....
del deseo de ser consultado,
del deseo de ser aprobado,
del deseo de quedar bien,
del deseo de recibir honores,

del temor de ser criticado, líbrame Señor
del temor de ser juzgado, líbrame Señor
del temor de ser atacado, líbrame Señor
del temor de ser humillado, ...
del temor de ser despreciado, ...
del temor de ser señalado,
del temor de perder la fama,
del temor de ser reprendido,
del temor de ser calumniado,
del temor de ser olvidado,
del temor de ser ridiculizado,
del temor de la injusticia,
del temor de ser sospechado,

Jesús, concédeme la gracia de desear:
-que los demás sean más amados que yo,
-que los demás sean más estimados que yo,
-que en la opinión del mundo,
otros sean engrandecidos y yo humillado,
-que los demás sean preferidos
y yo abandonado,
-que los demás sean alabados
y yo menospreciado,
-que los demás sean elegidos
en vez de mí en todo,
-que los demás sean más santos que yo,
siendo que yo me santifique debidamente.

McNulty, Obispo de Paterson, N.J.

Tumba del Santo Padre Pio.

Tumba del Santo Padre Pio.
Alli rece por todos uds. Giovani Rotondo julio 2011

Rueguen por nosotros

Padre Celestial me abandono en tus manos. Soy feliz.


Cristo ten piedad de nosotros.

Mientras tengamos vida en la tierra estaremos a tiempo de reparar todos los errores y pecados que cometimos. No dejemos para mañana . Hoy podemos acercarnos a un sacerdote y reconciliarnos con Dios,

Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia dijo Jesus

Jesucristo Te adoramos por todos aquellos que no lo hacen . Amen

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